Este blog pretende ser un recurso didáctico para estudiantes universitarios, pero también un punto de encuentro para todas aquellas personas interesadas por la Historia del Arte. El arte es un testimonio excepcional del proceso de la civilización humana, y puede apreciarse no sólo por sus cualidades estéticas sino por su función como documento histórico. Aquí se analiza una cuidada selección de obras de pintura, escultura y otras formas de expresión artística, siguiendo en ciertos aspectos el método iconográfico, que describe los elementos formales, identifica los temas que representan e interpreta su significado en relación a su contexto histórico y sociocultural.

viernes, 24 de julio de 2015

REFLEJOS DE GEORGE TOWN

El Arte Urbano (Street Art, en inglés) es una forma de expresión artística realizada de forma rápida mediante diversos tipos de técnicas en los edificios y espacios públicos de la ciudad, a menudo con carácter clandestino o ilegal. Su presencia ha sido constante a lo largo de la Historia del Arte, siendo los ejemplos más antiguos los numerosos letreros y dibujos esgrafiados que se conservan en los muros de ciudades romanas como Pompeya y Herculano. A finales de la década de 1960 se desarrolló el fenómeno del grafiti en las grandes urbes de Philadelphia y Nueva York, como parte de la cultura hip-hop. La particularidad de este fenómeno es que plasmaba esencialmente palabras o firmas escritas, no dibujos. Las personas que empezaron a hacer esto se autodenominaron escritores, no pintores ni artistas, y sus firmas se convirtieron en una especie de símbolo de identidad o etiqueta de marca (en inglés, tag).
La difusión del grafiti adquirió pronto proporciones de vandalismo. Los escritores se aficionaron a pintarrajear de arriba abajo no sólo los muros de los edificios sino también las aceras, los vagones de metro, el mobiliario urbano y hasta las señales de tráfico. Esta manera de actuar está fuertemente influida, todavía hoy, por una lógica rebeldía juvenil, buenas dosis de egocentrismo, un marcado afán de territorialidad y un alto grado de codificación que regula su desarrollo y hace poco comprensibles los mensajes para los que son ajenos. Se trata además de una acción espontánea y subversiva, generada en plena calle y desplegada en espacios marginales, como edificios en ruinas, puentes, vías del tren, etc.
Con la edad, muchos grafiteros han atemperado su discurso y han optado por una línea de acción menos destructiva, aunque sin dejar de lado la crítica ni el compromiso social. Junto a ellos han empezado a pintar en las calles otros artistas procedentes de ámbitos distintos. El resultado de esta confluencia ha sido un extraordinario desarrollo del Arte Urbano, que ha llegado a convertirse en una espléndida alternativa para transformar la imagen de las ciudades modernas, aportando nuevas ideas sobre las mismas. Este tipo de expresiones artísticas tiene una dimensión más sociocultural e inclusiva, está dirigido a una audiencia más amplia y se explaya a través de una gran variedad de mensajes y formatos.
Algunos expertos se esfuerzan en señalar las diferencias entre el grafiti y el Arte Urbano; otros prefieren ver el Arte Urbano como una versión adulta y sosegada del grafiti juvenil. Lo cierto es que la obra de muchos escritores ha pasado de ser censurada como una práctica callejera, a ser abiertamente valorada por el público. Del mismo modo, muchos artistas cuya formación es académica y su espacio de trabajo es el estudio, se han decidido a sacar sus creaciones a la calle. Como resultado de ello, el street art ha perdido su carácter marginal y vandálico, y ha empezado a ser oficialmente promovido por las autoridades públicas, con el fin de facilitar su integración en el entorno urbano. Consecuencia de ello es por ejemplo la creación del Museo Abierto de Arte Urbano de Sao Paulo (Brasil), o la celebración del Festival Internacional de Arte Urbano Los Muros Hablan en Puerto Rico.
 
 
Las imágenes que presentamos hoy corresponden al programa Mirrors George Town, que fue promovido por el ayuntamiento de Penang, en Malasia, en el año 2012. Forman parte de un conjunto de nueve murales que le fueron encargados al artista lituano Ernest Zacharevic, con el fin de regenerar y embellecer el espacio público de la ciudad. Los temas son frecuentemente niños jugando o personas que de alguna forma interactúan con el entorno. El artista aprovecha elementos de los edificios o del mobiliario urbano para facilitar la inserción de sus creaciones en el ecosistema urbano, y en ocasiones añade objetos reales para dotar de mayor naturalismo a las pinturas, magníficamente dibujadas, por cierto. El resultado provoca una conexión muy emotiva con el espectador, invitándole a reaccionar ante la obra de arte y, de alguna manera, completarla. Zacharevic se muestra especialmente orgulloso de ello y ha grabado varios videos en los que se muestra a todo tipo de personas interaccionando con sus murales. La verdad es que la reacción tanto de los habitantes de Penang como de los muchos turistas que se han acercado por allí, ha sido fantástica.
El primer mural que merece nuestra atención se llama Niños en bicicleta y se encuentra en la Armenian Street. Representa a una niña montando en bici y probablemente a su hermanito detrás, agarrado a su cintura. La cara de la niña denota calma y felicidad, mientras que la del niño pequeño muestra una gran excitación, no exenta de miedo, ante la fenomenal aventura del viaje. La imagen es entrañable, desde luego, pero el detalle más llamativo es el de la bicicleta, que es un objeto real adosado a la pared por Zachaveric, es decir, no está pintada. El resultado es chocante, muy divertido, y genera una interesante relación entre la realidad material del objeto, la pintura mural y el aspecto desconchado y sucio de la pared.
La segunda de las obras abunda en esta relación entre lo dibujado y lo real, o dicho de otro modo, entre el Arte Urbano y el medio ambiente en el que se desarrolla. Se titula Kungfu Girl y ocupa toda la fachada de una casa en Muntri Street. Representa una niña de gran tamaño, vestida con un traje azul de artes marciales, realizando un salto en el aire. Lo interesante es que sus manos se apoyan sobre unos pequeños tejadillos que cubren las dos ventanas del edificio, de tal forma que la niña parece disponerse a cerrarlos. De nuevo nos encontramos ante una imagen alegre, muy original y de gran impacto visual. Debemos agradecer a artistas urbanos como Zacharevic su capacidad para hacernos cambiar el chip e invitarnos a percibir la realidad desde una perspectiva diferente.
 
 
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miércoles, 22 de julio de 2015

PINTURA RUPESTRE

Banksy es uno de los artistas más prolíficos y polifacéticos del Arte Urbano del siglo XXI. Su carrera comenzó como un simple graffitero en Bristol, a finales de la década de los ochenta, pero en seguida desarrolló un estilo propio basado en el uso de estarcidos con moldes o plantillas (stencils en inglés). Esta técnica permite una ejecución muy rápida, puesto que sólo hay que colocar la plantilla sobre el muro y aplicar el aerosol para completar la pintura, lo cual es especialmente conveniente en este tipo de obras de carácter ilegal. En cuanto a la temática de sus obras, suelen ser composiciones satíricas sobre política, cultura y moralidad, frecuentemente acompañadas de graffitis, que interpelan al espectador o le conducen hacia una reflexión crítica sobre la sociedad.
Las fronteras entre vandalismo, graffiti y arte urbano a veces son difíciles de interpretar. Banksy ha pintado sobre todo tipo de espacios callejeros, en repetidas ocasiones tapando la obra de otros graffiteros anteriores. Así, ha dejado testimonios de su ingenio en numerosas ciudades del mundo y en espacios tan singulares como el Muro de Cisjordania. Su creciente popularidad ha hecho que su caché se haya revalorizado tanto que muchos ayuntamientos suspiran por tener un Banksy entre sus calles, y los que ya cuentan con alguno, han decidido protegerlos con fibras de vinilo para facilitar su restauración en el caso de que se deterioren o sufran actos vandálicos. Por si fuera poco, el artista ha sido contratado por organizaciones como Greenpeace o la MTV, y ha transformado muchas de sus obras en pinturas de caballete para ser comercializadas en subastas y galerías de arte. Todo esto ha provocado severas críticas por parte de otros graffiteros, artistas guerrilleros y activistas sociales, que acusan a Banksy de haberse olvidado del espíritu subversivo del arte urbano y haberse vendido al capital. Desde mi punto de vista, no obstante, puede servirnos para desarrollar un interesante ejercicio de reflexión sobre la condición del artista y el mercado del arte en la actualidad. ¿Qué criterios se tienen en cuenta para considerar algo una obra de arte? ¿Qué hace que un artista sea más o menos reconocido por la crítica? ¿Cómo llega una obra de arte desde el taller del artista al museo o la galería? ¿Cuánto vale el arte?
Banksy reflexionó críticamente sobre ello en el documental Exit Through the Gift Shop (2009), que sigue la trayectoria del artista urbano Thierry Guetta desde sus inicios como graffitero hasta que consigue organizar una gran exposición en Los Ángeles, a la que son invitados Brad Pitt y Angelina Jolie, entre otros; el éxito de aquella exposición le granjeó la posibilidad de diseñar ese mismo año la portada del álbum Celebration de Madonna. Otra muestra para la reflexión: en junio de 2014, Banksy instaló un puesto callejero en el Central Park de Nueva York para vender algunas de sus obras en lienzo, por apenas 60 dólares cada una. Su precio real en una casa de subastas hubiera alcanzado 120.000 libras esterlinas. Los pocos afortunados que compraron un lienzo en el puesto se hicieron millonarios sin saberlo; pero fueron muy pocos los que compraron. Por medio de esta extravagante performance Banksy criticaba la arbitrariedad del mercado del arte y del auténtico valor que se otorga a las cosas. En fin, su carrera está plagada de episodios como los que acabamos de describir.
El último de ellos tiene que ver con esta pequeña pintura rupestre que exponemos hoy. Es conocida como Peckham Rock Painting, está dibujada con grafito y se exhibe nada más y nada menos que en el British Museum de Londres. En realidad se trata de una estrambótica broma artística, porque a pesar de que tiene el aspecto de una figura prehistórica, lo que muestra en realidad es un hombre empujando un carrito de supermercado. Banksy pegó de forma subrepticia este fragmento de roca en la pared de una de las salas del Museo Británico, en mayo de 2005, y colocó debajo una cartela explicativa con un número de inventario del mismo estilo que las que había junto a otras piezas originales del museo. La instalación permaneció tres días in situ, según los medios de comunicación oficiales, ocho días según el propio Banksy, hasta que los responsables del museo se percataron de ello. El artista ha protagonizado hechos similares en la Tate Gallery de Londres, en el Louvre, en el MOMA y en el Metropolitan de Nueva York, y en los Museos de Historia Natural de Londres y Nueva York (ver el video enlazado al final).
 
 
La pintura rupestre (y su cartela) fueron inicialmente retiradas del British, pero tras descubrirse que se trataba de una obra de Banksy, han pasado a formar parte de la colección permanente de la primera institución museística del Reino Unido, lo cual resulta a la par sorprendente y paradójico. El texto de la cartela, que traducimos a continuación, recoge con grandes dosis de humor esa mirada satírica acerca del papel que desempeña el arte, los artistas y los museos en la sociedad occidental contemporánea.

«ARTE MURAL. Este de Londres.
Esta muestra finamente conservada de arte primitivo data de la era Post-Catatónica y se cree que representa a un hombre antiguo aventurándose por los campos de caza de los alrededores de la ciudad. El artista responsable es conocido por haber creado un sustancial conjunto de obras en el Sureste de Inglaterra bajo el apodo de Banksymus Maximus, pero poco más se sabe acerca de él. Desafortunadamente, una gran parte de este tipo de arte no ha sobrevivido. La mayoría es destruido por celosos oficiales municipales que no son capaces de reconocer el mérito artístico y el valor histórico de pintarrajear las paredes.
PRB 17752,2-2,1.»

 
WEB OFICIAL DE BANKSY:
http://banksy.co.uk/

VIDEO DE BANKSY EN VARIOS MUSEOS:
https://www.youtube.com/watch?v=lW-rt3jyZU8

 

viernes, 17 de julio de 2015

OBEY

Shepard Fairey es uno de los artistas más complejos y sugestivos salidos del universo del Arte Urbano desde de la década de los noventa. Nacido en 1970 en Charleston (Carolina del Sur), se formó como diseñador gráfico en California y en la Rhode Island School of Design (RISD). Actualmente trabaja tanto para las grandes marcas del mercado como para las galerías de arte y también de forma clandestina en la calle, lo cual nos lleva a una interesante reflexión sobre la posición del artista en la sociedad contemporánea. En el año 2008 se hizo mundialmente famoso por realizar una serie de carteles de propaganda electoral con el lema HOPE (esperanza) para la candidatura de Barack Obama a la presidencia de los Estados Unidos.
Fairey fundó en 2003 un gran estudio-taller en Los Ángeles, en el que un amplio abanico de colaboradores imprime a escala industrial posters y pegatinas con sus diseños. Estilísticamente se inspira en el cartelismo político comunista de mediados del siglo XX, el cual satiriza con elevadas dosis de caricatura y de crítica social. En cuanto a la temática de sus obras, se relaciona con las revoluciones filosóficas y culturales de Mayo del 68, que fueron ampliamente revividas por el Arte urbano de finales de los noventa y principios del siglo XXI. En esa línea, Shepard Fairey defiende el derecho a utilizar el espacio público como un espacio para la expresión democrática de las ideas, y se muestra contrario a cualquier tipo de totalitarismo.
Desde esta perspectiva se entiende perfectamente su serie de carteles etiquetados con el slogan OBEY (obedece). El primero de esos carteles fue creado en 1989, cuando Fairey todavía estudiaba en la Escuela de Diseño. Tomó como modelo a un célebre luchador y actor de televisión de la década de los ochenta, conocido como André El Gigante, sintetizó sus rasgos faciales a partir de una fotografía y la serigrafió en pegatinas que distribuyó personalmente entre sus compañeros de clase. El retrato se acompañaba de unos números referidos al enorme peso y altura del personaje, y tenía una leyenda que decía «André the Giant has a posse» (en inglés, André El Gigante tiene una pandilla). El mensaje era amenazador, aunque no tenía ningún significado concreto, y tenía la intención de provocar al espectador y despertar su curiosidad.
Posteriormente realizó nuevas versiones del gigante, cada vez más minimalistas, y sustituyó la leyenda original por el slogan OBEY, que tomó de una película de ciencia-ficción de John Carpenter titulada ¡Están vivos! (1988). En esa película, un grupo de alienígenas se hace con el control de la Tierra mediante la manipulación de los medios de comunicación y el empleo de mensajes subliminales que tienen como objetivo inculcar la sumisión de las masas; sólo los portadores de unas gafas de visión de especial son capaces de advertir el engaño y descifrar la verdad oculta en la televisión y la publicidad. El cartel de Shepard Fairey se convirtió así en un símbolo del totalitarismo cultural, puesto que pasó a interpretarse como una orden directa («Obedeced al Gigante»), que generaba mayor impacto. A ello contribuyó la extraordinaria difusión del motivo, gracias a su distribución por correo, la edición de multitud de copias y versiones por otros artistas, y por supuesto el pegado masivo de carteles en espacios urbanos de todo el mundo. En conclusión, la imagen del gigante ha traspasado los límites de la obra de arte para convertirse en un verdadero fenómeno social, como explica el propio artista:
 
«Al principio sólo pensaba en la respuesta de mis compañeros de la escuela de arte y de mis colegas de patinaje. El hecho de que un gran segmento del público podría advertir, e incluso investigar, el significado inexplicado de las pegatinas fue algo que no había contemplado. Cuando empecé a ver las reacciones y a considerar las fuerzas sociológicas de la obra en relación al uso del espacio público, por la inserción de una imagen muy llamativa pero ambigua, pensé que había potencial para crear un auténtico fenómeno.»

El mismo slogan está presente en muchas otras obras de Shepard Fairey, en las que reflexiona sobre los mecanismos de control de las masas ejercidos por los poderes fácticos de la sociedad. Así ocurre en la imagen con que se iniciaba este post, un gran ojo que todo lo ve, evidentemente inspirado en el «Gran Hermano» de la novela 1984, de George Orwell. Para corroborar la sensación de observación-control, el rostro del gigante aparece enmarcado por una estrella comunista en mitad de la pupila, y en la parte superior del cartel puede leerse una leyenda que dice: «Obey, never trust your own eyes, believe what you are told» (en inglés: obedece, nunca confíes en tus propios ojos, cree lo que te digan).
Menos explícita pero seguramente más desasosegante es la última imagen. De nuevo aparecen el slogan y la estrella con el rostro del gigante, uno en cada esquina y coloreados de rojo, lo que sirve para contrapesar una composición muy efectiva. El motivo principal es, una vez más, un enorme ojo vigilante, esta vez marcadamente femenino y con una calavera en la pupila. La muerte nos vigila, aguarda su turno, y nos atrae hacia ella, oculta tras la belleza. Ese trágico final se intuye también a través de la lágrima de sangre que mana del ojo, en la zona central de la imagen. La referencia a la muerte se complementa porque en el interior de la lágrima hay dibujado un caduceo médico invertido, en el que la serpiente enroscada, por cierto, parece el símbolo del dólar. Belleza, dinero, control, muerte. ¿Es este el terrible destino de la sociedad occidental?