Este blog pretende ser un recurso didáctico para estudiantes universitarios, pero también un punto de encuentro para todas aquellas personas interesadas por la Historia del Arte. El arte es un testimonio excepcional del proceso de la civilización humana, y puede apreciarse no sólo por sus cualidades estéticas sino por su función como documento histórico. Aquí se analiza una cuidada selección de obras de pintura, escultura y otras formas de expresión artística, siguiendo en ciertos aspectos el método iconográfico, que describe los elementos formales, identifica los temas que representan e interpreta su significado en relación a su contexto histórico y sociocultural.

jueves, 30 de marzo de 2017

EL EMPERADOR MAXIMILIANO Y SU FAMILIA

Este retrato de la familia del emperador Maximiliano de Austria es un notable ejemplo de la utilización del arte como instrumento de propaganda de la monarquía en el Renacimiento. Es un óleo sobre tabla de 73 x 60 cm realizado por el pintor alemán Bernhard Strigel entre 1516 y 1520. El original, que reproducimos aquí, está en el Kunsthistorisches de Viena pero también se conserva una copia en lienzo, del mismo autor, en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid. Las diferencias entre ambas versiones son mínimas y, aparte de la brillantez de los colores, se limitan a los letreros en latín que identifican a cada personaje. En los dos casos coinciden los nombres, por supuesto, pero en la copia de Madrid se suprimieron algunas referencias simbólicas, inspiradas en la tradición bíblica, que dignificaban a los personajes.
El cuadro representa en la línea superior al emperador Maximiliano I de Austria (1449-1519), a la izquierda, según su perfil característico; le sigue su hijo Felipe el Hermoso (1478-1506), duque de Borgoña y rey de Castilla por su matrimonio con Juana la Loca; y finalmente María (1457-1482), gran duquesa de Borgoña y primera esposa de Maximiliano. En la línea inferior aparecen, de izquierda a derecha, sus nietos Fernando y Carlos, así como su sobrino Luis. El primero será conocido como Fernando I (1503-1564) y aunque nació en Alcalá de Henares acabaría siendo, por circunstancias del destino, Archiduque de Austria y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. El segundo, no por casualidad en el centro de la composición, es el futuro Carlos I de España y V de Alemania (1500-1558). En última instancia aparece el que llegará a ser Luis I de Bohemia y II de Hungría (1506-1526). En fin, mucha realeza concentrada en un espacio bastante exiguo, que es oportunamente descongestionado gracias al bucólico paisaje del fondo.
La obra es característica de los llamados retratos de familia, bastante habituales en aquella época para su intercambio entre las distintas cortes europeas. Su función era dar a conocer a los distintos miembros de una casa real, presentarlos en sociedad para posibles matrimonios, y por supuesto legitimar su sucesión dinástica al trono. En general se les solía representar con realismo, para hacerlos fácilmente reconocibles, aunque no siempre se correspondían con la edad exacta que podían tener en el momento de ser retratados, así que tienen una dimensión intemporal. A este respecto, el cuadro repite el perfil prototípico de Maximiliano con su peculiar nariz, copiado numerosas veces en medallas y otros retratos de la época. También reproduce la imagen distintiva de Carlos de joven, con su mentón prominente y sus lujosos sombreros a la moda renacentista.
En el original austriaco, los personajes de la línea superior aparecen identificados como miembros de la familia de Jesucristo, a través de las inscripciones en latín. Este recurso iconográfico era frecuente en la pintura alemana de la época y pretendía destacar la dignidad del personaje, estableciendo un paralelismo moral entre éste y determinados modelos tomados de las Sagradas Escrituras. El mismo artista lo utilizó también en otra obra suya, el Retrato de la familia Cuspinian (1520). En el caso que nos ocupa, Maximiliano aparece titulado como Cleofás hermano carnal de José, marido de la divina Virgen; María de Borgoña es asimilada con María, hermana de Cleofás; Felipe el Hermoso es un trasunto del apóstol Santiago el Menor; y el príncipe Carlos está etiquetado como el apóstol Simón el Zelote.
En relación al contexto histórico, la imagen es además un valioso testimonio de las alianzas políticas establecidas entre las principales potencias del momento. Más concretamente, el casamiento de Felipe el Hermoso con Juana la Loca, auspiciado tanto por Maximiliano de Austria como por los Reyes Católicos de España, provocó que Carlos terminase heredando un vasto imperio europeo que incluyó todos los territorios mencionados: Austria, Tirol, el Franco Condado de Borgoña, Charolais, Luxemburgo, Flandes, Castilla, Aragón, Nápoles y las Dos Sicilias, a los que se añadiría la corona imperial de Alemania y más tarde las conquistas acometidas por el propio Carlos, como el Ducado de Milán.

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viernes, 10 de febrero de 2017

EL GRAN PAVIMENTO DE LA ABADÍA DE WESTMINSTER


La Abadía de Westminster es uno de los edificios más emblemáticos de Inglaterra por su importancia religiosa, por sus dimensiones artísticas y por su papel protagonista en el devenir de la historia y la cultura británicas. Su aspecto actual se debe mayoritariamente a la reforma y ampliación patrocinadas por Enrique III a partir de 1245, con la intención de honrar la memoria de su antecesor, el rey santo Eduardo el Confesor, quien fundó la primera abadía en 1045. El nuevo templo no sólo pretendía ser un magnífico santuario para acoger la tumba de San Eduardo, que visitaban anualmente miles de peregrinos, sino también un espacio áulico apropiado para las ceremonias de coronación y para enterrar a los sucesivos monarcas ingleses, desempeñando la función de panteón real.
El centro neurálgico del proyecto fue la zona del altar mayor, detrás del cual se encontraba el mausoleo de Eduardo el Confesor. El pavimento y otras partes de esta área fueron ornamentados por medio de intrincadas decoraciones geométricas, realizadas con piedras semipreciosas y ricos mármoles, a la manera italiana. Este tipo de decoraciones fueron desarrolladas durante buena parte de la Edad Media en iglesias de Roma y de su entorno, por un grupo de maestros italianos especializados, entre los que destacaron los miembros de la familia Cosmati. El monje inglés Richard de Ware viajó a la corte papal en 1258 para obtener confirmación oficial de su nombramiento como Abad de Westminster, y quedó impresionado por la obra de los Cosmati en la Catedral de Anagni. Así que se propuso convencer a un talentoso artista de nombre Odoricus para que fuera a Westminster a realizar un pavimento al estilo cosmati. La feliz conexión entre el mecenas y el artista dio su fruto y el nuevo suelo del altar mayor quedó completado en 1268. Hoy es el ejemplo más sobresaliente que existe fuera de Italia de esta peculiar técnica artística, heredera de la tradición musivaria grecorromana.
El Gran Pavimento de la Abadía de Westminster es un cuadrado de 7,58 m de lado. Está realizado con más de 50.000 teselas de diversas variedades de piedra (pórfido púrpura proveniente de Egipto, pórfido verde de Grecia, cristales y mármoles diversos, giallo antico, serpentina, caliza, piedra de Purbeck, etc.) recortadas en rectángulos, triángulos, círculos y otras figuras geométricas. Formalmente, la composición gira en torno a un gran círculo central de ónix de unos dos pies de diámetro, rodeado por otros cuatro círculos entrelazados. Esta figura central está inscrita en un cuadrado dispuesto transversalmente, a la manera de un rombo, y el conjunto queda a su vez enmarcado por otro cuadrado con círculos en las enjutas. Por último, toda la composición es rodeada por una cenefa de círculos y rectángulos trazados con diferentes motivos y colores.
En su origen, el pavimento conservaba una enigmática inscripción en latín que daba algunas pistas sobre la posible simbología de la obra. Por fortuna, el monje John Flete copió esa inscripción en el siglo XV, antes de que se perdiera. El texto sugiere que el complicado diseño geométrico es en realidad una imagen alegórica de las esferas del cosmos y que los colores hacen referencia a los cuatro elementos, fuego, agua, aire y tierra. Además, propone una hipotética fecha para el fin del mundo a través de una inextricable fórmula matemática, basada en la edad media de vida de varias especies de animales, que en total suman 19.683 años. Hasta que eso ocurra, podemos seguir admirando una obra singular, que ha sido convenientemente restaurada en 2011, y que constituye un buen reflejo del pensamiento medieval, en el que el orden divino de las cosas se manifiesta a través de la belleza y el arte.

MÁS INFORMACIÓN:
http://www.westminster-abbey.org/our-history/art/cosmati-pavement
https://www.periodliving.co.uk/discover/restoring-the-cosmati-pavement-at-westminster-abbey/

sábado, 28 de enero de 2017

MOSAICO DEL RAPTO DE EUROPA

Entre la espléndida colección de mosaicos romanos que alberga el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida, destaca este cuyo tema central representa el rapto de Europa por parte de Zeus. Esta magnífica pieza de 4,60 m de alto por 3,20 m de ancho fue hallada en 1958 en un solar cercano a la Plaza de Toros de Mérida, en la Calle Legión X, bajo los restos de otro mosaico casi totalmente descompuesto. Servía de pavimento a la habitación de una rica vivienda; de hecho, puede apreciarse en la esquina superior derecha el acceso a otra habitación. Está fechado a mediados del siglo II d. C., en la época imperial, y su estado de conservación es excepcional.
Fue confeccionado con teselas de caliza blanca procedente de Zafra, mezcladas con otras de colores diversos, de poco más de un centímetro cuadrado. La composición se organiza en tres áreas diferenciadas: una zona introductoria denominada umbral, que se corresponde con la parte inferior de la imagen; un extenso fondo rodeado por un contorno o bordura formado por una cenefa de triángulos y dos gruesas líneas; y una escena central o emblema de apenas un metro cuadrado, enmarcado por una línea y otra cenefa de triángulos, donde se dispone la escena principal. Tanto el umbral como el fondo están decorados con motivos geométricos desarrollados con una sencilla combinación de blanco y negro: en el primero se trata de cuadros negros formando cruces griegas con centro blanco y escuadras en T, mientras que en el segundo hay estrellas de cuatro puntas, con un cuadrifolio de hojas acorazonadas en el espacio interior.
El emblema central, por su parte, es de carácter figurativo y ostenta una brillante policromía. Muestra a Europa semidesnuda, sentada a lomos de un toro gris que galopa sobre el mar, representado con una serie de líneas horizontales azul celeste y verde. La mujer se aferra con su mano derecha a uno de los cuernos del toro, mientras que con la izquierda sujeta un manto que ondea al viento, de color azul oscuro y ribetes verde y amarillo. En primer término, se dispone una franja de tierra tachonada de flores rojas, blancas, azules y amarillas, que representan la orilla.
Europa era una princesa fenicia de Tiro, hija del rey Agénor y de la reina Telefasa. Zeus quedó prendado de su belleza, así que se transformó en un toro blanco y se mezcló con las reses del rey para engañarla y raptarla. El blanco es un color bastante inusual entre los toros, pero es un símbolo de candidez o inocencia, lo cual favorecía el engaño. Mientras la muchacha jugaba con sus sirvientas en la orilla del mar, el toro se acercó a ella fingiendo ser manso. Europa le acarició, le puso guirnaldas de flores en los cuernos y finalmente se sentó en su grupa, momento que aprovechó el toro para salir huyendo hacia el mar. Llegados a la isla de Creta, Zeus abandonó su forma animal y se acostó con la joven. De esta unión nacieron tres hijos, Sarpedón, Radamante y el famoso rey Minos, que construyó el laberinto del Minotauro.
Al final, Europa se convirtió en la primera reina de Creta y fue recompensada con varios regalos de parte de Zeus: un collar fabricado por Hefesto, un autómata de bronce llamado Talos, un perro que nunca soltaba su presa, de nombre Lélape, y una jabalina que nunca erraba. Otras versiones del mito añaden que Zeus recreó la silueta del toro blanco entre las estrellas del firmamento, dibujando la constelación de Tauro.

MÁS INFORMACIÓN:

http://ceres.mcu.es/pages/Museos/MuseoNacionaldeArteRomano%5D