Este blog pretende ser un recurso didáctico para estudiantes universitarios, pero también un punto de encuentro para todas aquellas personas interesadas por la Historia del Arte. El arte es un testimonio excepcional del proceso de la civilización humana, y puede apreciarse no sólo por sus cualidades estéticas sino por su función como documento histórico. Aquí se analiza una cuidada selección de obras de pintura, escultura y otras formas de expresión artística, siguiendo en ciertos aspectos el método iconográfico, que describe los elementos formales, identifica los temas que representan e interpreta su significado en relación a su contexto histórico y sociocultural.

viernes, 22 de octubre de 2010

EL TRONO DE TUTANKHAMON

El faraón Tutankhamon, cuyo reinado transcurrió entre 1346 y 1337 a. C., sigue siendo una de las figuras más enigmáticas y atractivas del Imperio Nuevo Egipcio. Su nombre original era Tutankhaton, «imagen viva de Atón», pero él mismo ordenó sustituirlo a los pocos años de su reinado por Tutankhamon o «imagen viva de Amón». El joven rey había sucedido a su padre, el hereje Akhenaton, que había trasladado la capital espiritual del país a Tell el Amarna y había abandonado el culto a los dioses tradicionales de Egipto, con el fin de instaurar el monoteísmo en torno a un único dios solar denominado Atón. Tutankhamon, sin embargo, se apartó pronto de las ideas revolucionarias su padre, restauró el culto a los numerosos dioses del panteón egipcio y devolvió los antiguos privilegios a los grandes templos de Amón, en la ciudad de Tebas. No está clara si ésta fue una decisión personal o estuvo presionada por la nobleza, el ejército y los sacerdotes de los templos, verdaderos grupos de poder en aquella sociedad. El caso es que Tutankhamon murió poco después, con apenas veinte años, y la restauración religiosa sería continuada y definitivamente consolidada tanto por sus sucesores, Ay y Horemheb, como por los faraones de la Dinastía XIX.
La muerte de Tutankhamon sigue siendo un enigma. De la hipótesis original de una conspiración que llevó a su asesinato se ha ido rectificando en los últimos años hasta pensar que la causa de su fallecimiento pudo ser probablemente un accidente de carro, seguido de una infección mal curada que afectó a los huesos de la rodilla y el pie, afectados por una enfermedad crónica que padecían la mayoría de los miembros de la familia real. Los análisis de ADN y las tomografías practicadas recientemente a la momia de Tutankhamon parecen corroborar esta última hipótesis. Lo cierto es que la prematura muerte del faraón provocó que hubiera que aprovechar una tumba menor, ya excavada en el Valle de los Reyes (la KV62), con el fin de acomodar allí su cadáver y su ajuar funerario de la mejor manera posible. Tutankhamon fue un faraón menor en la historia de Egipto pero, a diferencia de otros, su enterramiento permaneció intacto y a salvo de los ladrones hasta que fue descubierta por el arqueólogo inglés Howard Carter en 1922, debajo de la tumba de Ramsés VI. Los numerosos y riquísimos objetos que nos ha legado el tesoro de Tutankhamon nos parecen hoy espectaculares, pero pueden considerarse una minucia si los comparamos con el ajuar que debía existir en la sepultura de otros faraones más renombrados, como Tutmosis III o Ramsés II.
Entre los objetos más interesantes que había en la primera cámara de la tumba de Tutankhamon, se encuentra el trono que reproducimos aquí. Un trono es un objeto especialmente simbólico porque es el lugar donde se asienta la personificación del poder. El rey está sentado mientras sus súbditos permanecen de pie, lo que constituye un tipo de conducta que expresa claramente la jerarquía social establecida. Desde su trono, el rey concede audiencia, imparte justicia, toma decisiones políticas y ejerce su poder de manera efectiva. Además, según la cosmovisión egipcia el faraón era considerado un dios viviente en la tierra; por consiguiente, su figura ataviada con los atributos reales, sentada ordenando el mundo e imponiendo su voluntad divina sobre el resto de los mortales era muy parecida a la imagen de la divinidad que proporcionaban las estatuas sedentes de los grandes dioses. El trono simboliza así majestad, estabilidad, seguridad y equilibrio, y es una especie de síntesis entre el cielo y la tierra, entre el mundo de los dioses y el de los hombres.
El trono de Tutankhamon encierra en sí mismo todo este universo alegórico. Está realizado en madera decorada con pan de oro, plata, pasta de vidrio y piedras semipreciosas como lapislázuli, cornalina y turquesa. Mide 100 cm de altura x 54 cm de anchura x 60 cm de largura. La pieza muestra una gran perfección técnica y su calidad artística la convierten en una de las principales obras maestras del Museo Egipcio de El Cairo. Si la observamos con detalle, podemos apreciar que las patas tienen forma de garras de león y en el frontal están rematadas con cabezas de este animal. Los brazos muestran símbolos de la unificación del Alto y el Bajo Egipto, como son la doble corona y las cabezas de cobra y de buitre. Las alas del buitre rodean el signo del infinito y los cartuchos con el nombre del faraón. El cartucho que hay en el brazo derecho muestra el nombre original del faraón, Tutankhaton, mientras que en el del lado izquierdo se lee el nombre renovado de Tutankhamón. Este cambio hace alusión a la restauración religiosa producida durante su propio reinado, después del llamado período de Amarna. El trono viene acompañado de un escabel, a los pies, tallado en madera y cubierto de estuco y pan de oro. En él se representan a los enemigos de Egipto, tres asiáticos y tres nubios, que son pisoteados de forma simbólica por el faraón mientras está sentado. Un texto en jeroglífico aclara esta iconografía: «Todas las grandes tierras extranjeras están bajo tus sandalias.» 
El respaldo del trono muestra una de las escenas más hermosas y sentimentales de toda la Historia del Arte Egipcio. Es heredera directa de las representaciones características del período de Amarna, que solían mostrar a la familia real en la intimidad, en actitud cariñosa. Un claro antecedente de esta escena es la estela de Akhenaton y Nefertiti jugando con sus hijas, que también se halla en el Museo de El Cairo. En el trono de Tutankhamon aparece el joven faraón sentado, agasajado por su esposa (y hermana) Ankhesenamon. Ankhesenamon está coronada por un disco solar rodeado por dos grandes plumas, lleva un gran pectoral y viste una túnica informal. Está aplicando un ungüento perfumado sobre los hombros de su marido. Éste lleva una gran corona compuesta y aparece ataviado con brazaletes, un pectoral y falda larga. Su abdomen hinchado le hace parecer embarazado, lo que iconográficamente se relaciona con el arte de Amarna: alude al rol del faraón como generador y regenerador de vida, un simbolismo que introdujo el padre de Tutankhamon, Akhenaton. La relación con la herejía de Akhenaton es más evidente aún en el disco solar que aparece en el fondo del respaldo, representando al único dios Atón, extendiendo sus rayos benefactores sobre la pareja real. En definitiva, se trata de una obra verdaderamente maravillosa, que más allá de su funcionalidad práctica está imbuida de un elevado componente simbólico.


2 comentarios:

  1. Me encanta el blog!! solo una anotación Tutankhamón era yerno de Akhenatón, no su hijo

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  2. Sobre la ascendencia de Tutankhamon hay varias hipótesis pero la más aceptada está corroborada por los análisis de ADN practicados a su momia por parte del Doctor Zahi Hawass. Según estos análisis el faraón-niño sería en efecto hijo de Akhenatón. Pero tienes razón en decir que también fue su yerno porque Tutankhamon fue desposado con su hermanastra Ankhesenamon, que era hija del mismo Akhenatón y Nefertiti. En fin, que era una familia un tanto complicada.

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