Este blog pretende ser un recurso didáctico para estudiantes universitarios, pero también un punto de encuentro para todas aquellas personas interesadas por la Historia del Arte. El arte es un testimonio excepcional del proceso de la civilización humana, y puede apreciarse no sólo por sus cualidades estéticas sino por su función como documento histórico. Aquí se analiza una cuidada selección de obras de pintura, escultura y otras formas de expresión artística, siguiendo en ciertos aspectos el método iconográfico, que describe los elementos formales, identifica los temas que representan e interpreta su significado en relación a su contexto histórico y sociocultural.

jueves, 25 de noviembre de 2010

LA RELIGIÓN SOCORRIDA POR ESPAÑA

Esta obra alegórica tiene una curiosa historia relacionada tanto con su proceso de creación como con su significado iconográfico. Sabemos que es obra de Tiziano porque aparece firmado «TITIANVS F.» y también que está fechado en torno al año 1571. La documentación histórica nos dice que fue enviado al Alcázar Real de Madrid en 1575, junto con otro cuadro que reproducimos más abajo, titulado Felipe II ofreciendo a la Victoria a su hijo, el infante Don Fernando. Este último fue encargado a Tiziano por el rey de España, Felipe II, como recuerdo conmemorativo de su victoria en la batalla de Lepanto, lo que hace suponer que los dos cuadros están relacionados.
La composición de La Religión salvada por España está directamente tomada de un cuadro inconcluso, que comenzó Tiziano hacia 1530 para Alfonso de Este, duque de Ferrara. Conocemos este cuadro por una réplica de taller que se conserva en la Galería Doria Pamphili de Roma, y por una visita de Giorgio Vasari al estudio del pintor, sucedida en 1566. Vasari describió un cuadro de asunto mitológico, con «una joven muchacha desnuda delante de Minerva con otro personaje a su lado y un paisaje marino en cuyo centro, en la lejanía, aparecía Neptuno sobre su carro». De acuerdo con esta descripción, el significado original de la obra podía interpretarse como una alegoría del Triunfo de la Virtud sobre el Vicio, o más concretamente, la Virtud del Ducado de Ferrara, que vence a la amenaza del poder marítimo de Venecia, encarnado como Neptuno.
Una carta fechada en 1568, dirigida al emperador Maximiliano II de Austria por su agente en Venecia, da cuenta de una segunda versión de la obra, hoy perdida pero conocida gracias a un grabado de Giulio Fontana. En esta versión el mensaje iconográfico fue adaptado a las exigencias del nuevo mecenas, de forma que la Virtud de Ferrara se convirtió en la Virtud de Austria, y la amenaza de Venecia en la amenaza de los turcos. La obra conmemoraba así la valerosa resistencia de la ciudad de Viena, que logró salvarse del asedio al que la sometió el sultán Suleiman I, en 1529 y en 1532.
El cuadro que reproducimos aquí es la versión definitiva, la que fue encargada por Felipe II y hoy se conserva en el Museo del Prado. La composición es la misma pero se han incluido algunas variantes iconográficas que modifican notablemente su significado. La muchacha casi desnuda de la derecha se muestra sola y apesadumbrada. Está amenazada a su espalda por varias serpientes que sobresalen de un árbol seco y pretenden emponzoñar su pureza. Se apoya sobre una piedra, y a sus pies aparecen una cruz y un cáliz, por todo lo cual podemos identificar claramente a la muchacha como una alegoría de la Religión Católica. La figura principal, que se presenta triunfante desde la izquierda, es una matrona coronada, vestida de oro y púrpura, que porta en la mano izquierda una lanza con un estandarte rojo, y sostiene en la mano derecha el escudo real de Felipe II. A sus pies se disponen algunas armas características de los ejércitos imperiales. Por estos atributos, no hay duda de que esta figura es una alegoría de España. Le acompaña una mujer con una espada, siguiendo la representación habitual de la Fortaleza, y detrás de ella un soldado y otras figuras femeninas armadas, que forman un ejército. En el medio de la composición se abre un paisaje marino en el que se puede distinguir una flota de barcos comandada por un guerrero, ataviado con un turbante árabe. Este guerrero cabalga sobre las olas montado en un carro tirado por caballos, según la iconografía típica de Neptuno, pero su piel morena y su atuendo lo ponen en relación con el Imperio Turco.
Por consiguiente, el cuadro de Tiziano puede interpretarse efectivamente como una alegoría de España, que viene ayudada por la Fortaleza para socorrer a la Religión Católica, amenazada por los turcos. De manera más precisa, Erwin Panofsky la explicó como una representación de la Religión, amenazada por la subversión interna (las serpientes) y por el enemigo exterior (el turco), que solicita la protección de Iglesia militante (España) y de la Fuerza. El tema era de evidente actualidad en el momento en que fue pintado, porque acababa de producirse la gran batalla naval de Lepanto, en la que una Liga Santa formada por España, Venecia y los Estados Pontificios, al mando de Juan de Austria, derrotó estrepitosamente a la flota naval otomana. La victoria de Lepanto garantizó la seguridad en el Mar Mediterráneo, puso freno al expansionismo turco y conjuró la herejía religiosa, al menos momentáneamente. 
Es lógico que Felipe II quisiera enfatizar su importancia histórica mediante una oportuna labor de propaganda, plasmada artísticamente en las mencionadas obras de Tiziano, que además de aludir al hecho en cuestión, enaltecían el protagonismo de la triunfante monarquía española como pacificadora del mundo y defensora de la fe católica. El método iconográfico nos permite comprender cómo las representaciones artísticas intentan transmitir mensajes de profunda significación cultural, que en cualquier caso siempre deben explicarse desde con el contexto histórico en el que se originaron. Con el análisis de esta obra hemos comprobado cómo una misma imagen puede simbolizar cosas relativamente similares pero también muy diferentes, en función del suceso concreto con el que se relacionan.

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