Este blog pretende ser un recurso didáctico para estudiantes universitarios, pero también un punto de encuentro para todas aquellas personas interesadas por la Historia del Arte. El arte es un testimonio excepcional del proceso de la civilización humana, y puede apreciarse no sólo por sus cualidades estéticas sino por su función como documento histórico. Aquí se analiza una cuidada selección de obras de pintura, escultura y otras formas de expresión artística, siguiendo en ciertos aspectos el método iconográfico, que describe los elementos formales, identifica los temas que representan e interpreta su significado en relación a su contexto histórico y sociocultural.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

LA VIRGEN DE LOS REYES CATÓLICOS

Esta tabla pintada al temple se encontraba originalmente en el oratorio del Cuarto Real del monasterio dominico de Santo Tomás de Ávila, de donde pasó al Museo de la Trinidad, y posteriormente al Museo del Prado, tras la Desamortización. Su autor es desconocido, aunque se identifica con la influyente Escuela Hispanoflamenca que desarrolló su arte en Castilla durante las últimas décadas del siglo XV. La fecha exacta de la pintura es objeto de debate entre los historiadores, pero últimamente se sitúa hacia 1490. Representa lo que iconográficamente se denomina una «sacra conversazione», esto es, una imagen sedente de la Virgen María con el Niño Jesús, acompañada de algunos santos y en ocasiones también de otros personajes de la vida real, normalmente el comitente que paga la pintura. Al comitente se le llama también donante cuando encarga la obra como donación a una institución religiosa, y puede aparecer con algún otro miembro de su familia, siempre arrodillados en actitud orante. Todos los personajes son representados de forma conjunta en el mismo espacio y mantienen una relación informal, con poses relajadas, a diferencia de lo que sucedía en la pintura medieval. El uso del término «conversación» no indica que se produzca diálogo alguno, sino que los personajes están gozando de la gloria de Dios y pueden imaginarse manteniendo un coloquio sobre temas religiosos. Por último, es característica la ubicación de la escena en un entorno arquitectónico o bajo un dosel que cobija a la Virgen y el Niño.
En la Virgen de los Reyes Católicos se muestra una estancia con dos ventanas al fondo, a través de las cuales se adivina un paisaje bucólico, de estilo flamenco. Entre ambas está sentada la Virgen con el Niño, sobre un trono de piedra con remates góticos, y a sus pies aparecen dos santos vestidos con hábito de monje. Estos dos santos están identificados por las letras que pueden leerse en sus respectivos nimbos; son Santo Domingo de Guzmán, el fundador de la orden de los dominicos, y Santo Tomás de Aquino, uno de los teólogos más importantes de esta congregación religiosa. Los atributos iconográficos con que aparece Santo Domingo son un libro, porque es considerado Doctor de la Iglesia, y una rama de azucenas, símbolo de pureza alusivo a la Virgen María, ya que este santo favoreció una especial devoción mariana e instauró el rezo del rosario. Santo Tomás se muestra como el titular de la advocación del monasterio abulense donde estaba la pintura, y por eso sostiene la maqueta de una iglesia, en actitud de ofrecérsela a la Virgen; también lleva un libro que le acredita como teólogo y Doctor de la Iglesia. De las manos de ambos santos surgen dos filacterias escritas con plegarias de difícil lectura.
En el primer plano se encuentran los Reyes Católicos, arrodillados en oración, es decir, la postura habitual con que se representaba a los donantes benefactores de las órdenes religiosas. Les acompañan sus hijos: la primogénita Isabel, detrás de su madre, y el príncipe heredero Juan, detrás de Fernando el Católico. La familia real está secundada por dos monjes dominicos que han sido identificados con dos personajes auténticos de la época: en el extremo de la izquierda, el Inquisidor General del reino, fray Tomás de Torquemada, y en el extremo de la derecha, fray Pedro Mártir de Anglería, cronista de la guerra de Granada y capellán de Isabel la Católica.
La descripción del paisaje en las ventanas del fondo, el detallismo de los vestidos y la fidelidad de los retratos, sobre todo el de la reina Católica, pretenden conferir a la obra un carácter de verosimilitud y cercanía muy propios de la cultura humanista del Renacimiento. Sin embargo, la perspectiva del suelo y de los reclinatorios de los reyes está bastante forzada y muestra algunos errores. De todas formas, en una obra como ésta predomina el aspecto simbólico y ceremonial por encima de la representación de la realidad. La pintura es un testimonio excepcional de la política de los Reyes Católicos, que culminaron la unificación religiosa con la reconquista de Granada y establecieron el primer tribunal de la Inquisición española precisamente en el monasterio de Santo Tomás de Ávila. En ese contexto, la unidad religiosa y la lucha contra la herejía fueron consideradas una estrategia fundamental para recuperar la identidad nacional y para demostrar ante Europa la ortodoxia católica de España. La conversión forzosa de los judíos y de los moriscos, so pena de expulsión, se explica por el ambiente de intolerancia característico de la época, pero formaba parte indisoluble de aquella política. Gracias a ella, los Reyes Católicos sentaron las bases de una monarquía autoritaria, capaz de consolidar un Estado moderno y centralizado, que sería luego imitada por otras naciones de Europa. Y en ese proceso tuvo un protagonismo destacado la acción desarrollada por las órdenes religiosas, en especial franciscanos y dominicos, que se convirtieron en los brazos ejecutores de la unificación política y religiosa. Los primeros como misioneros evangelizadores en el Nuevo Mundo, los segundos como teólogos e inquisidores, y ambos como predicadores eficaces que difundieron desde el púlpito las ideas de la monarquía católica. Finalmente, añadir que el mencionado monasterio de Santo Tomás de Ávila terminaría por adquirir una significación todavía mayor, ya que fue utilizado como panteón funerario del príncipe Juan, representado en esta tabla detrás de su padre Fernando el Católico, y muerto repentinamente en 1497.

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