Este blog pretende ser un recurso didáctico para estudiantes universitarios, pero también un punto de encuentro para todas aquellas personas interesadas por la Historia del Arte. El arte es un testimonio excepcional del proceso de la civilización humana, y puede apreciarse no sólo por sus cualidades estéticas sino por su función como documento histórico. Aquí se analiza una cuidada selección de obras de pintura, escultura y otras formas de expresión artística, siguiendo en ciertos aspectos el método iconográfico, que describe los elementos formales, identifica los temas que representan e interpreta su significado en relación a su contexto histórico y sociocultural.

jueves, 27 de enero de 2011

EL REPORTERO FRENÉTICO

Esta obra satírica de Otto Umbehr, realizada como un fotocollage en el año 1926, es uno de los diseños más divertidos producidos en el seno de la Bauhaus, la famosa escuela de artes y oficios artísticos creada en Alemania a principios del siglo XX. Bauhaus es un término formado por la adición de dos palabras germanas: bau (construcción) y haus (casa). También se relaciona con otra palabra, bauhütte, que alude a las logias de constructores de las catedrales medievales. La Bauhaus fue una Escuela de Arquitectura, Diseño e Industria, fundada por el arquitecto alemán Walter Gropius en el año 1919. Su objetivo fue formar a los nuevos artistas a través de una pedagogía práctica y racionalista, que aunase el diseño de vanguardia, la formación de base artesana, el empleo de materiales modernos y la aplicación de recursos técnicos e industriales, con el fin de producir en serie obras de arte de calidad a un coste asequible.
La Bauhaus pasó por diferentes etapas y localizaciones. La primera etapa (1919-1925) tuvo su sede en Weimar, Turingia, y estuvo aún influida por el expresionismo y el Jugendstil. Se basó en los procesos artesanales y en el trabajo de los estudiantes en talleres para estimular su creatividad mediante el contacto con distintos materiales. La segunda etapa (1925-1932) se desarrolló en una nueva sede construida expresamente en Dessau, Sajonia, y constituye la más fructífera e interesante para las vanguardias europeas del momento, sobre todo a partir de la incorporación de Paul Klee, Wassily Kandinsky y Moholy-Nagy al equipo de profesores. Esta fase apostó decididamente por el constructivismo y la abstracción. Además, profundizó en la relación del arte con la producción industrial, aplicando nuevos conceptos al problema del diseño y generando prototipos estandarizados. La tercera y última etapa (1932-1933) se trasladó a Berlín y se dedicó a la producción industrial en serie, poniendo más énfasis en el impacto social y menos en lo puramente artístico. A partir de 1930 asumió la dirección el arquitecto Mies van der Rohe, que no pudo hacer frente al acoso continuado a que fue sometida la escuela por parte del partido nazi. Debido a las presiones políticas, el claustro de profesores de la Bauhaus decidió finalmente su disolución en 1933.
El ideario educativo de la Bauhaus, según el manifiesto fundacional redactado por Walter Gropius, seguía el planteamiento corporativo de los gremios medievales y partía del supuesto de que «la base indispensable para todo logro artístico es la formación artesanal básica de los estudiantes en estudios y talleres». Para lograrlo, el programa educativo se dividía en varios departamentos o talleres, de tres años de duración: el taller de Arquitectura (dirigido por Hannes Meyer), el taller de Pintura Mural y de Vidrio (en el que trabajaron Kandinsky, Paul Klee, Josef Albers y Hinnerck Scheper), el de Madera o Mueble (en el que estaban Walter Gropius, Marcel Breuer, Josef Albers y Moholy-Nagy), el de Metal (dirigido por Moholy-Nagy), el de Textiles (a cargo de Gunta Stölz y Paul Klee), el de Impresión, Tipografía y Publicidad (cuyos profesores eran Johannes Itten, Herbert Bayer, Josef Albers y Lyonel Feininger), y el de Fotografía (dirigido por Herbert Bayer). En cada uno de los talleres, las áreas de enseñanza incluían el estudio de los materiales, el estudio de la naturaleza, el estudio de la creación (dibujo, pintura, modelado), y el diseño y realización de estructuras tridimensionales (arquitectura, muebles, objetos, etc.), además de otras materias complementarias.
Antes de ingresar en los talleres, los estudiantes tenían que pasar obligatoriamente por el vorkus o curso elemental de carácter teórico, dirigido por Johannes Itten. El vorkus tenía una duración de seis meses a un año, y su objetivo era, por un lado, dar a conocer las leyes fundamentales de los colores y de las formas, y por otro, «liberar las fuerzas creadoras del estudiante mediante la búsqueda de la originalidad». Por este motivo, Itten nunca corregía a los alumnos, para no inhibir su espontaneidad. Por el contrario, fomentaba el trabajo experimental con diversos tipos de materiales, para ayudar a los estudiantes a elegir su futura profesión. Su admisión definitiva en la Bauhaus dependía así de la actitud y de las habilidades mostradas en las clases del vorkus.
En relación a la obra que exponemos aquí, la Bauhaus desarrolló un novedoso esfuerzo de sistematización y dignificación artística de las técnicas de impresión, tipografía, fotografía y publicidad, que puede considerarse una de sus mayores aportaciones al arte de las vanguardias del siglo XX. Concretamente, la fotografía y el fotomontaje fueron impulsados entre otros por Moholy-Nagy y Herber Bayer, y se vieron fuertemente influidos por la estética dadaísta y surrealista. Así, por ejemplo, El reportero frenético de Otto Umbehr, pretende mostrar en clave humorística la creciente importancia de los medios de comunicación de masas en el mundo contemporáneo. Fue descrito así por Ulrike Grosz en su libro Utopías de la Bauhaus:
«El reportero frenético aparece con un objetivo en vez del ojo, orejas en forma de cono acústico y un cuerpo construido por utensilios para escritura y fotografía para el periodismo de la gran ciudad moderna».
La obra es una vigorosa síntesis gráfica de las características de la sociedad de principios del siglo XX, profundamente convulsionada por los incesantes cambios políticos, sociales, económicos y culturales que experimentó entonces. La Bauhaus fue un extraordinario testigo de estos cambios y sus aportaciones fueron verdaderamente cruciales, porque logró convertirse en un crisol de artistas jóvenes, procedentes de todas las vanguardias del momento, que experimentaron y difundieron por todo el mundo multitud de ideas novedosas para el arte y el diseño.

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