Este blog pretende ser un recurso didáctico para estudiantes universitarios, pero también un punto de encuentro para todas aquellas personas interesadas por la Historia del Arte. El arte es un testimonio excepcional del proceso de la civilización humana, y puede apreciarse no sólo por sus cualidades estéticas sino por su función como documento histórico. Aquí se analiza una cuidada selección de obras de pintura, escultura y otras formas de expresión artística, siguiendo en ciertos aspectos el método iconográfico, que describe los elementos formales, identifica los temas que representan e interpreta su significado en relación a su contexto histórico y sociocultural.

miércoles, 13 de abril de 2011

LA TABLA DE ESQUIUS


Esta extraordinaria obra de arte románico es un frontal de altar pintado en el segundo cuarto del siglo XII. Procede de la iglesia del castillo de Santa María de Besora, en la provincia de Barcelona, y hoy se conserva en el Museo Nacional de Arte de Cataluña. La función de una pieza como ésta era la de servir de pantalla delantera o antipendio a la mesa del altar mayor, con la intención de decorar un espacio que de otra forma se quedaría vacío. De esta forma, además, se enriquecía el programa iconográfico del interior de la iglesia.
Los frontales románicos suelen representar en el centro de la composición una «maiestas domini» o Cristo en majestad encerrado en una mandorla o almendra mística, secundado a ambos lados por series de apóstoles. En ocasiones, la figura de de Cristo es sustituida por la de la Virgen María con el Niño Jesús, que aparece igualmente encuadrada en una mandorla. Las figuras secundarias también pueden variar y hacer referencia otros temas marianos o escenas de la vida de los santos, inspiradas en historias piadosas muy populares durante la Edad Media, que serían recogidas en el libro La leyenda dorada por el dominico italiano Jacopo della Voragine, publicado en 1260.
La Tabla de Esquius, que mostramos aquí, sigue la iconografía más tradicional al representar a Cristo en el centro, rodeado por los apóstoles y los símbolos de los cuatro evangelistas. El gesto de Cristo es característico de lo que en griego se denomina «pantocrátor» (todopoderoso), y revela su poder de juzgar y dominar sobre todas las cosas. Su mano derecha alzada con dos dedos extendidos, la izquierda sosteniendo un pergamino o filacteria con la Ley de Dios, el nimbo que le corona y el trono sobre el que se sienta enfatizan esta dimensión. Técnicamente la figura, como todas las demás, está realizada de forma tosca y esquemática, reducida casi a formas geométricas. Esta forma de representación antinaturalista es típica del románico y su intención es subrayar el contenido simbólico de la imagen, confiriéndola un alto grado de solemnidad. La leyenda escrita en el borde de la mandorla aclara este mensaje, inculcando al creyente una severa actitud de piedad y recogimiento hacia lo divino:
«HIC DEVS ALFA ET OMEGA CLEMENS MISERATOR ADESTO AC PIETATE TVA MISERORVM VINCLA RELAXA AMEN (Éste es el Dios del Alfa y del Omega. Ven con tu piedad y afloja las cadenas de los miserables. Amen)»
En las esquinas de la mandorla se halla el «tetramorfos» (cuatro formas), es decir, la representación figurada de los cuatro evangelistas. San Mateo, en la esquina superior izquierda, se muestra como un ángel, porque su evangelio comienza con la visita del Ángel del Señor a José; San Marcos, abajo a la izquierda, está representado como un león, porque su evangelio empieza con la predicación de San Juan Bautista en el desierto, donde se pensaba que habitaban leones; el símbolo de San Lucas, abajo a la derecha, es un buey porque su evangelio describe el nacimiento de Jesús en el pesebre; y San Juan, en la esquina superior derecha, aparece como un águila, porque su evangelio se considera el más espiritual de todos. Todos ellos portan libros o filacterias que hacen alusión a sus escritos.
Finalmente, en los compartimentos laterales aparecen cuatro series de tres apóstoles cada uno. Exceptuando a San Pedro, que porta unas llaves, y a San Andrés, que lleva una cruz, el resto muestra los mismos atributos iconográficos, una filacteria o un libro alusivos a su predicación. También se distingue San Pablo, por ser el único calvo; en las representaciones del grupo de los apóstoles, Pablo suele sustituir al traidor Judas Iscariote. Todas estas figuras son de menor tamaño que la del Cristo central con la intención de expresar una relación de jerarquía que se da no sólo en la historia evangélica sino también en la misma estructura de la Iglesia. Los rostros y los pies están dibujados de manera frontal y esquemática, lo mismo que los ropajes y los nimbos, pero el artista ha conseguido una cierta variedad en los gestos y en el pelo de cada santo. Ello otorga a la obra, probablemente salida del taller del monasterio de Ripoll, un interés excepcional para conocer el desarrollo de la pintura románica.

4 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Es anónimo. La hipótesis más difundida sobre su autoría es que fue elaborada en el monasterio de Ripoll.

      Eliminar
  2. Respuestas
    1. Está pintada al temple, que es una técnica pictórica en la que se utiliza como disolvente del pigmento el agua y como aglutinante huevo, grasa animal, glicerina u otras materias orgánicas. Es muy habitual en la pintura medieval.

      Eliminar