Este blog pretende ser un recurso didáctico para estudiantes universitarios, pero también un punto de encuentro para todas aquellas personas interesadas por la Historia del Arte. El arte es un testimonio excepcional del proceso de la civilización humana, y puede apreciarse no sólo por sus cualidades estéticas sino por su función como documento histórico. Aquí se analiza una cuidada selección de obras de pintura, escultura y otras formas de expresión artística, siguiendo en ciertos aspectos el método iconográfico, que describe los elementos formales, identifica los temas que representan e interpreta su significado en relación a su contexto histórico y sociocultural.

lunes, 17 de octubre de 2011

PREMONICIÓN DE LA GUERRA CIVIL

El título completo de este cuadro de Salvador Dalí es Composición blanda con judías hervidas (Premonición de la Guerra Civil). Conservada en el Philadelphia Museum of Art, es una obra plenamente surrealista en la que un ser monstruoso, formado por diferentes elementos de un cuerpo humano descoyuntado, se retuerce, se estrangula y se pisotea infligiéndose daño a sí mismo. En la trastornada anatomía del monstruo, descompuesta en pedazos y vuelta a recomponer en una especie de cuadrilátero fantástico, se distinguen una cabeza sonriente, dos poderosas manos (una de ellas inerte), dos pies esqueléticos, un trasero y varias articulaciones. La composición se alza aterradora sobre un paisaje mediterráneo, soleado y árido, en el que aparecen, en primer plano, un montón de habichuelas o judías hervidas junto a una mesilla de noche, y al fondo dos pequeñas aldeas. La línea del horizonte se sitúa muy cerca del extremo inferior, dejando que un amplio cielo azul poblado de nubes y de matices cromáticos ocupe la mayor parte del cuadro.
La obra fue terminada seis meses antes del estallido de la Guerra Civil Española en 1936 pero Dalí estuvo realizando estudios preparatorios para la misma desde el año 1934. Si volvemos la mirada a ese contexto histórico, el artista hubo de ser testigo de varios acontecimientos que agitaron de manera irremediable la convulsa situación política y social de la Segunda República Española: la proclamación unilateral de la República de Catalana por Lluís Companys en 1934, la revolución de octubre del mismo año en Asturias, y su violenta represión dirigida por el general Franco, los traumáticos cambios de gobierno producidos en mayo de 1935, con mayoría de la CEDA, y enero de 1936, con el advenimiento del Frente Popular, y los fanáticos sucesos de la primavera de 1936, que dieron lugar a un status quo inevitablemente prebélico, con constantes algaradas callejeras, atentados terroristas, purgas políticas en todos los partidos, quema de conventos y una creciente polarización ideológica que hizo imposible la convivencia entre los españoles.
Dalí no manifestó un compromiso político explícito por ninguna de las partes enfrentadas durante la Segunda República, pero sí expresó en su pintura toda la tensión del drama que se avecinaba y el horror ante una inminente confrontación entre hermanos. La mano podrida que estruja enérgicamente un pecho, a la izquierda de la composición, es un buen ejemplo de ello, al igual que el pie pisoteando el trasero a la derecha. Frente a esta violencia, un hombre minúsculo contempla la muerte de la otra mano, tendida en el suelo, mientras la cabeza del remate se ríe terroríficamente de esta tragedia al tiempo que es cegada por el sol. El tema de la pintura y su tono desasosegante nos recuerda a los grabados de Goya sobre los Desastres de la Guerra. La cabeza del remate, que parece un autorretrato de Dalí, recuerda también a la del Saturno devorando a sus hijos. La inspiración de Goya está igualmente presente en la mesilla de noche del primer plano, puesto que alude, en clave surrealista, a los «caprichos» del pintor aragonés, y en concreto, al grabado titulado El sueño de la razón produce monstruos. El propio Dalí explicó la relación entre los sueños y los terrores humanos en su libro La vida secreta
 

«A menudo he imaginado y representado el monstruo del sueño como una oprimente y gigantesca cabeza con un cuerpo filiforme, que se mantiene en equilibrio con las muletas de la realidad. Cuando estas muletas se rompen, tenemos la sensación de caer…»

En cuanto a las judías hervidas que dan título al cuadro, constituyen un elemento muy habitual en el imaginario surrealista de Dalí. Según sus propias palabras son una delirante «metáfora intestinal» de las relaciones humanas, entendidas como una forma de antropofagia recíproca. El profesor Juan A. Ramírez interpretó que lo sexual, lo podrido, lo violento y lo escatológico aparecen en la obra de Dalí mezclados con el pavor que produce su transformación en alimento, muchas veces desparramado sobre el suelo. Esta visión autodestructiva y comestible de las relaciones humanas fue expresada por el artista en otra obra posterior, también ambientada en el drama la Guerra Civil: Canibalismo de otoño (1937), que se encuentra en la Tate Gallery de Londres.


 
MÁS INFORMACIÓN:
http://www.philamuseum.org/collections/permanent/51315.html

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