Este blog pretende ser un recurso didáctico para estudiantes universitarios, pero también un punto de encuentro para todas aquellas personas interesadas por la Historia del Arte. El arte es un testimonio excepcional del proceso de la civilización humana, y puede apreciarse no sólo por sus cualidades estéticas sino por su función como documento histórico. Aquí se analiza una cuidada selección de obras de pintura, escultura y otras formas de expresión artística, siguiendo en ciertos aspectos el método iconográfico, que describe los elementos formales, identifica los temas que representan e interpreta su significado en relación a su contexto histórico y sociocultural.

lunes, 30 de enero de 2012

APOTEOSIS DE LA MONARQUÍA ESPAÑOLA

La Apoteosis de la Monarquía Española es un fresco pintado por el veneciano Juan Bautista Tiépolo en 1764, para la saleta oficial del Palacio Real de Madrid. Tiépolo fue llamado por el rey Carlos III en 1761 para decorar el Salón del Trono del nuevo palacio pero el artista quiso excusarse alegando su avanzada edad y sus numerosos compromisos. La insistencia del rey y la propia importancia del encargo lograron convencerlo así que finalmente se personó en la corte de Madrid. Con la ayuda de sus hijos Domenico y Lorenzo realizó algunas de las composiciones más exitosas de su carrera, permaneciendo varios años después en España como pintor de cámara de Su Majestad.
La obra que nos ocupa representa a la Monarquía Española casi en el centro de la bóveda, como una noble matrona sentada que apoya su mano sobre un león. La secundan varias figuras que le presentan las insignias reales junto con varios trofeos y estandartes militares, además de otras alegorías que se refieren a los diferentes reinos bajo su dominio, como la gran torre a su espalda y la mujer anciana, que simbolizan a Castilla. En torno suyo, además de la Prudencia, aparecen también varios dioses olímpicos, como Minerva, significando las cualida­des de los gobernantes hispanos, Mercurio, que desciende del cielo para imponer la corona real a la Monarquía, y Apolo, representado como dios del sol y de las bellas artes. A este último le acompañan las Horas, que indican el paso ordenado del tiempo. Detrás está el dios pastor Pan, de espaldas, junto a una alegoría de la Fortaleza que sujeta una columna, y otra del Mérito, mostrado como un respetable anciano coronado de laurel. Más arriba, a la derecha, está Júpiter en medio de un trono de nubes resplandecientes, con el águila característica a sus pies y rodeado por genios y otras deidades. Encima aparecen las Bellas Artes y la Fama haciendo sonar los clarines de la gloria.

En el arco inferior se distinguen, de izquierda a derecha, a Saturno como un anciano alado, el dios Marte armado con casco y coraza, Venus desnuda abrazada a Cupido, Hércules colocando una columna entre unos peñascos que representan el estrecho de Gibraltar, y Neptuno en el acto de ofrecer a España las riquezas de los mares, expresadas por los corales y conchas que se desbordan de una cornucopia. Completan la escena varias alegorías geográficas que hacen referencia a África, Asia, América y Europa. La disposición e importancia de cada uno de los elementos fue modificada por el artista en el fresco definitivo de la saleta. En el Metropolitan Museum de Nueva York se conservan dos bocetos previos pintados sobre lienzo, que nos permiten identificar con mayor claridad las figuras y las modificaciones realizadas finalmente, como se muestra en el esquema adyacente.
Resumiendo, el programa iconográfico pretende mostrar el poder absoluto de la monarquía española, a la que los antiguos dioses rinden homenaje, y sus benéficas consecuencias para el progreso de la civilización. Las virtudes que le acompañan son la Sabiduría, las Bellas Artes, la Prudencia, la Fortaleza, el Mérito, etc., lo que supone una clara alusión a la filosofía política del Despotismo Ilustrado. Por consiguiente, aunque se mantienen elementos tradicionales de la dinastía Habsburgo como Hércules y el dominio sobre las Cuatro Partes del Mundo, la iconografía tiene como principal objetivo caracterizar a los nuevos reyes de la dinastía Borbón. Para conseguirlo, Tiépolo ideó una representación bastante compleja, que recurría tanto al Olimpo clásico como a una reformulación del lenguaje alegórico tradicional, para adaptarlo a las elevadas exigencias de su cliente, el rey Carlos III. En el aspecto formal, destacan sus originales escorzos de planos en declive, que provocan que los personajes parezcan asomarse a la Tierra desde plataformas voladas, sostenidas por nubes y plintos. El resultado fue muy satisfactorio para el monarca, que entendió la obra como un buen anticipo de lo que el artista plasmaría después en la enorme bóveda del Salón del Trono.

MÁS INFORMACIÓN:
http://www.metmuseum.org/Collections/search-the-collections/110002245 

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