Este blog pretende ser un recurso didáctico para estudiantes universitarios, pero también un punto de encuentro para todas aquellas personas interesadas por la Historia del Arte. El arte es un testimonio excepcional del proceso de la civilización humana, y puede apreciarse no sólo por sus cualidades estéticas sino por su función como documento histórico. Aquí se analiza una cuidada selección de obras de pintura, escultura y otras formas de expresión artística, siguiendo en ciertos aspectos el método iconográfico, que describe los elementos formales, identifica los temas que representan e interpreta su significado en relación a su contexto histórico y sociocultural.

domingo, 5 de febrero de 2012

EL RETABLO FINGIDO DE LA IGLESIA DE LIÉTOR

La política centralista eintervencionista del Despotismo Ilustrado, promovida por los Borbones españoles tuvo importantes consecuencias en el plano cultural. Seguramente el acontecimiento más significativo al respecto fue la creación de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en 1752, bajo el patrocinio del rey Fernando VI. La academia logró convertirse en la institución rectora de las ideas estéticas y de las expresiones artísticas producidas en España durante el resto del siglo XVIII y buena parte del XIX, hasta el punto de llegar a establecer una especie de «cultura oficial» considerada superior y la única aceptable. Las obras de arte que no se plegaban al decoro neoclasicista propugnado por la academia fueron consideradas poco adecuadas y en muchos casos censuradas o incluso destruidas.
Un ejemplo elocuente de lo que decimos es un decreto aprobado por el Conde de Floridablanca, ministro del rey Carlos III, en 1777, que prohibía la realización de retablos barrocos de madera en las iglesias, por ser «obras costosas de poca duración y de ninguna hermosura, expuestas a muchos riesgos, y censuradas de los inteligentes nacionales, y de la emulación extranjera». Los riesgos a que se refiere el documento son los numerosos incendios que se sucedían en los templos y que se propagaban fácilmente por la acción de las velas, el rescoldo de los incensarios y la madera de los retablos. La advertencia, además, justificaba la introducción de una cláusula que exigía lo siguiente:


«No permitir se haga en los templos obra alguna de consecuencia, sin tener fundada seguridad del acierto […] para evitar se edifique contra las reglas y pericia del arte. A este fin, teniendo el Rey presente lo que sobre el particular le ha expuesto la Academia de San Fernando, comprende no puede haber medio más obvio y eficaz que el de que se consulte a la misma Academia […] Convendrá, pues, que los directores o artífices entreguen anticipadamente a aquellos Superiores los diseños con la correspondiente explicación, y que los agentes o apoderados respectivos presenten en Madrid a la Academia los dibujos de los planes, alzados y cortes de las fábricas, capillas y altares que ideen, para que, examinados con atención y brevedad, advierta la propia Academia el mérito o errores que contengan.»


Entre los artistas que mejor se adaptaron al intrusismo de la Academia se encuentra el italiano Pablo Sístori, que se especializó en la pintura de retablos fingidos. Sístori pintaba sus retablos con temple sobre un gran lienzo que luego encastraba en la pared, logrando un resultado muy efectista. La gama de colores era suave e imitaba diversos tipos de mármoles y jaspeados, junto con toques de bronce para determinados detalles. Los diseños marcaban la preeminencia de la línea recta y eran de estilo neoclásico, cumpliendo las normas impuestas por la Academia, y el coste de la obra final era mucho más barato que un verdadero retablo de madera o piedra. Esto explica el éxito de nuestro artista, que dejó repetidas muestras de su talento en varias iglesias de las provincias de Albacete y Murcia. Entre todas ellas, destaca el vasto programa decorativo que realizó para la iglesia de Santa Eulalia de Murcia (véase en la primera imagen que reproducimos hoy) y el retablo fingido de la iglesia parroquial de Santiago, en la localidad albaceteña de Liétor (al final).
Según el propio artista, el retablo que hizo en 1795 para la parroquia de Liétor fue «el más particu­lar que había ejecutado». Su austera composición se extiende por toda la capilla mayor, dándole continuidad por medio de un pórtico clásico rematado por un entablamento recto, que recorre de manera envolvente las tres paredes, mientras que en la bóveda se ha fingido una decoración de casetones con rosetas de bronce. En la pared principal se ha fingido un retablo con un cuerpo central adelantado, coronado por un frontón curvo con ménsulas y gotas. En el centro de la composición se abre una hornacina con la imagen del Apóstol Santiago, titular del templo, y en el remate hay un tondo con la cruz de la Orden de Santiago, rodeado por un cordoncillo de flores y sostenido por dos ángeles tenantes que parecen estatuas de mármol. Según la historiadora del arte M. Moya García, que es quien mejor ha estudiado la obra de Pablo Sístori, dichos ángeles pueden estar inspirados en algunos modelos grabados en el Tratado de Andrea Pozzo.
A los lados de este cuerpo central se disponen otras dos estatuas fingidas de mármol, identificadas mediante sendas inscripciones en sus pedesta­les. A la izquierda, San Juan Crisóstomo, patrono de la Oratoria Cristiana; su inscripción dice «MEL., ET LAC SUB LINGUA TUA» (miel y leche bajo tu lengua) y está tomada del Cantar de los Cantares 4, 11. A la derecha, San Juan Nepomuceno; su inscripción alude al secreto de la confesión, por el cual murió, y dice «POSUI ORI MEO CUSTODIAM» (puse custodia sobre mi boca). Por último, en los intercolumnios de las paredes laterales se incluyen dos balcones abalaustrados sustentados por dobles ménsulas y cerrados en la parte superior por celosías conventuales. El fondo oscuro semioculto por estas celosías sugiere de forma ilusionista la continuidad del espacio en profundidad. Como detalle anecdótico, la celosía de la izquierda está entreabierta y tiene una pequeña rotura que produce un interesante efecto de trompe l'oeil.

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