Este blog pretende ser un recurso didáctico para estudiantes universitarios, pero también un punto de encuentro para todas aquellas personas interesadas por la Historia del Arte. El arte es un testimonio excepcional del proceso de la civilización humana, y puede apreciarse no sólo por sus cualidades estéticas sino por su función como documento histórico. Aquí se analiza una cuidada selección de obras de pintura, escultura y otras formas de expresión artística, siguiendo en ciertos aspectos el método iconográfico, que describe los elementos formales, identifica los temas que representan e interpreta su significado en relación a su contexto histórico y sociocultural.

lunes, 5 de marzo de 2012

EL LIBRO DE LAS JOYAS DE ANA DE HABSBURGO

El Libro de las Joyas es un códice iluminado por el pintor alemán Hans Muelich entre 1552 y 1555, que hoy se conserva en la Bayerische Staatsbibliothek de Munich. Se llama así porque cada una de sus páginas reproduce una joya de la colección personal de Ana de Habsburgo, que fue Duquesa de Baviera en el siglo XVI gracias a su matrimonio con el Duque Alberto V el Magnánimo. Las joyas aparecen cuidadosamente dibujadas y coloreadas, con una sutileza y un detallismo exquisitos. Aparecen enmarcadas en un variado conjunto de cenefas formadas por elementos arquitectónicos, geométricos, animales y vegetales. La huella estética del Renacimiento es palpable en el rigor simétrico de las composiciones y en la inclusión de numerosos estilemas como grutescos, candelieri, cariátides, estípites, trofeos, capiteles clásicos, máscaras y camafeos, junto a otras figuras alegóricas, putti y dioses grecorromanos.
El libro constituye un inventario gráfico de las joyas de la duquesa y tiene su explicación en un contexto histórico en el que el mecenazgo cultural y el coleccionismo artístico constituían un signo de distinción entre los príncipes humanistas. Indudablemente, la importancia de esta colección de joyas estriba en su propia riqueza material y en la numerosísima cantidad de piezas que atesora (más de setenta), pero también en el hecho de ser reproducidas artísticamente a través de un libro como éste, que las da a conocer y las pone en valor como si se tratase de un auténtico catálogo de exposición. Es, por tanto, un testimonio gráfico fundamental para comprender los procesos de recopilación, valoración, difusión y conservación del patrimonio artístico a lo largo de la historia.
Además de lo expuesto, el Libro de las Joyas contiene otro elemento de enorme interés, la imagen del frontispicio o portada. En esta imagen aparecen representados los duques Alberto V y Ana de Habsburgo jugando una partida de ajedrez mientras un nutrido grupo de cortesanos y damas de compañía les observan solemnemente desde el fondo. Es difícil explicar por qué una representación lúdica como ésta es el motivo inicial de un catálogo de joyas pero el ajedrez, además de ser uno de los principales pasatiempos intelectuales de la nobleza, era considerado como una metáfora del mundo desde época medieval. Por consiguiente, la interpretación de esta escena sólo puede ser alegórica y está relacionada con las inscripciones de los extremos, con los símbolos incluidos, con la actitud de los personajes, con la situación política de la época y con el propio contenido del libro.
Empecemos con las inscripciones, escritas todas en latín y en letras mayúsculas. La de la cartela superior, rematada por la figura Dios Padre, es una cita del Evangelio de San Mateo, 19, 5, que dice «PROPTER HOC DIMITTET HOMO PATREM ET MATREM ET ADHEREBIT UXORI SUAE ET ERUNT DUO IN CARNE UNA» (el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne). Las inscripciones de las dos cartelas laterales están tomadas del Salmo 127. La de la izquierda dice «UXOR TUA SICUT VITIS ABUNDANS IN LATERIBUS DOMUS TUAE» (tu esposa será como vid fecunda en medio de tu casa); y la de la derecha «FILII TUI SICUT NOVELLA OLIVARUM IN CIRCUITU MENSAE TUAE» (tus hijos serán como ramas nuevas de olivo en torno a tu mesa). Finalmente, en el recuadro inferior se lee «UNUSQUISQUE UXOREM SUAM SICUT SEIPSUM DILIGAT UXOR AUTEM TIMEAT VERBUM SUUM» (quien ame a su esposa como a sí mismo, su esposa a cambio le respetará –temerá su palabra-), junto con la firma del artista «HANS MUELICH FECIT» (Hans Muelich lo hizo).
Las inscripciones, por tanto, pretenden celebrar el matrimonio de los duques Alberto y Ana, la fertilidad de la mujer que asegura la continuidad del linaje familiar, y la buena relación entre los esposos, reforzada no sólo por el sentido de la última leyenda sino también por la inclusión de un perrito delante de cada uno de ellos, como símbolo de la fidelidad conyugal. Alberto de Wittelsbach y Ana de Habsburgo se habían casado en Regensburg en 1546, cuando ella tenía diecisiete años, y llegaron a tener cinco hijos. Alberto era hijo del Duque Guillermo IV de Baviera, a quien sucedió en 1550, y Ana era hija de Fernando I, Archiduque de Austria y Rey de Romanos. Desde el punto de vista político, Ana era una de las princesas más codiciadas de la época porque era sobrina de Carlos V, Emperador de Alemania, dignidad que finalmente también ostentó su padre Fernando. Por consiguiente, el matrimonio representado en la portada del Libro de las Joyas constituyó una de las maniobras políticas más importantes de su época. No sólo puso fin a la tradicional rivalidad entre Baviera y Austria sino que convirtió a ambos ducados en amigos y aliados frente a otros principados alemanes. Esto se comprende mejor si tenemos en cuenta el contexto de agitación política y religiosa que generó el desarrollo de la Reforma Protestante a partir de la década de 1520. Para Carlos V y su hermano Fernando I, era crucial garantizar la fidelidad de Baviera a la causa del Catolicismo, así como convertirle en un aliado especialmente útil durante las guerras de religión contra los Estados protestantes de la Liga de Smakalda.
El artista representó con perspicacia esta compleja situación política, en la portada de un libro empezado poco después de que Alberto V llegase al poder en Baviera y finalizado por las mismas fechas en las que el Emperador y la Liga de Smakalda zanjaron las disputas religiosas de Alemania mediante la Paz de Augsburgo. En la imagen, los duques de Baviera juegan al ajedrez reflejando el encuentro entre dos iguales, mientras que el resto de los personajes asisten como testigos. La unión de los dos príncipes es además el resultado de otro juego mucho más importante, el de la diplomacia internacional. A este respecto es significativo que dos de los personajes que aparecen representados detrás, como observadores atentos, ejercieran un destacado papel en el mencionado contexto político. Son probablemente de Georg Stockhammer y Wiguleus Hundt, dos de los secretarios de Alberto V, que emplearon toda su influencia no sólo para fortalecer las alianzas entre Baviera y el Emperador, sino también para impulsar el avance de la Contrarreforma Católica. Juntos controlaron al clero y favorecieron la acción de la Compañía de Jesús, y concretamente Wiguleus Hundt intervino en la firma de la Paz de Augsburgo, en 1555. Como consecuencia de ello, Alberto V se convirtió en uno de los líderes espirituales más destacados de la Contrarreforma en Alemania.
Pero ¿por qué una imagen con una iconografía política tan compleja se utilizó como portada de un catálogo artístico de joyas? La única explicación lógica es que los duques, como mecenas de la obra, consideraron que su propia fortuna estaba indisolublemente ligada a su alianza con el Imperio y la Iglesia Católica. La estabilidad y la prosperidad de Baviera quedaban así garantizadas y tanto los duques como toda su corte podían mirar al futuro con tranquilidad. El libro es, por tanto, un intencionado ejercicio de poder y ostentación social de un matrimonio bendecido por Dios. Tal ostentación se manifiesta no sólo en la representación de cada una de las joyas de la colección ducal, algunas de las cuales son de tema religioso, sino también en la singular escena de la portada. Llama la atención que hasta las piezas del ajedrez, que no deja de ser un juego de uso cotidiano, parecen estar fabricadas de oro y plata.
Sin embargo, de acuerdo con la mentalidad humanista del Renacimiento, la prosperidad de un Estado no se medía exclusivamente por su riqueza material. Por esta razón, el gobierno de Alberto V puso especial atención en el desarrollo cultural de Baviera, fundando la Bayerische Staatsbibliothek en 1558, y patrocinando a artistas como el pintor Hans Muelich y el compositor Orlando di Lasso, lo cual extendió la reputación de Munich como uno de los mayores centros artísticos y culturales de Alemania en el siglo XVI.

MÁS INFORMACIÓN:
http://bibliodyssey.blogspot.com.es/2009/01/jewel-book.html 
http://www.wdl.org/en/item/4104/zoom/#group=1&page=13

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