Este blog pretende ser un recurso didáctico para estudiantes universitarios, pero también un punto de encuentro para todas aquellas personas interesadas por la Historia del Arte. El arte es un testimonio excepcional del proceso de la civilización humana, y puede apreciarse no sólo por sus cualidades estéticas sino por su función como documento histórico. Aquí se analiza una cuidada selección de obras de pintura, escultura y otras formas de expresión artística, siguiendo en ciertos aspectos el método iconográfico, que describe los elementos formales, identifica los temas que representan e interpreta su significado en relación a su contexto histórico y sociocultural.

viernes, 23 de noviembre de 2012

LA VENUS DE LA CONCHA


Una de las construcciones más interesantes de la ciudad romana de Pompeya es la Casa della Venere in Conchiglia, llamada así por el fastuoso mural pintado al fresco en la pared sur de su jardín. Se trata de una pequeña domus o casa señorial, situada en la Via dell’Abbondanza, cerca del Anfiteatro y la Palestra Grande. La datación de sus fases constructivas es compleja porque fue erigida sobre otra construcción anterior y en el momento de la erupción del Vesubio estaba siendo restaurada. Sobre la primera edificación fue ampliado el triclinio (comedor principal) y el peristilo (jardín rodeado de columnas), en torno al cual fueron redistribuidas la mayoría de las habitaciones. Como resultado de ello la casa posee una planta irregular, con el vestíbulo desplazado hacia la derecha del eje principal, un sencillo atrio con impluvium (estanque para recoger el agua de lluvia) y un peristilo con columnas sólo en dos de sus cuatro lados.
Una de las bombas que cayó sobre Pompeya durante la Segunda Guerra Mundial, en 1943, provocó desperfectos en la casa, que afortunadamente pudo ser consolidada en 1952. Entonces fue completamernte desenterrada y restaurada. Gracias a ello, hoy es posible admirar tanto su arquitectura como la decoración del jardín, que se dispone en tres grandes recuadros consecutivos, unidos en la parte inferior por una valla pintada y otros elementos decorativos. En el panel central se sitúa la escena principal, cuyos personajes se muestran flotando en un paisaje fantástico, mientras que en los dos laterales se han figurado una estatua de Marte y una fuente de mármol colocados delante de la valla.
Esta manera de jugar con la superficie del muro creando un espacio ilusorio, mediante la introducción de paisajes o arquitecturas en perspectiva, tiene como objetivo ofrecer una falsa sensación de profundidad que lleva a confundir lo real con lo imaginario. En este caso, la pericia del pintor se explayó precisamente en el efecto de las sombras que dan volumen a la estatua de Marte y a la fuente, así como en la representación de las flores y plantas del fondo. En cuanto a los pájaros (garzas, grullas, faisanes, palomas, etc.) que se posan en la valla, revolotean por todo el espacio y beben agua de la fuente, recuerdan la famosa anécdota atribuida al maestro griego Zeuxis, de quien se decía que pintó un racimo de uvas tan bien imitado de la realidad, que los pájaros venían confundidos a picotearlo y se daban de bruces con él. A este respecto, no es casual la presencia de máscaras de teatro en el remate de ambos laterales; de hecho, la farsa teatral fue un motivo habitual en la pintura pompeyana.
La figura central, sin embargo, está menos lograda, sobre todo en el punto en el que cruza las piernas. Representa a la diosa griega Venus (Afrodita) en el momento de su nacimiento, según un modelo iconográfico que sería repetidamente imitado en siglos posteriores, en especial durante el Renacimiento italiano. Según la mitología clásica, Saturno castró a su padre Urano y arrojó sus testículos al mar. Al contacto con el agua, Venus fue engendrada espontáneamente y nació de la espuma del mar. Entonces fue recogida por una concha y empujada por un viento que la llevó a las orillas de Citera, primero, y Chipre, después, donde la recibieron las Estaciones, quienes la vistieron y la condujeron al Olimpo.
Para los romanos, Venus era una importante divinidad relacionada con el amor, la belleza y la fertilidad, además de la vegetación y los jardines. Más aún, era la diosa protectora de la ciudad de Pompeya, lo cual explica su protagonismo en la decoración de esta casa, a la que parece ser empujada por las olas del mar. La presencia de Marte en el panel lateral se explica porque éste fue amante de Venus, de cuya unión algunos mitos latinos refieren que había nacido Cupido. Y así se explica también la inclusión de los dos amorcillos, uno a cada lado de la concha.

domingo, 18 de noviembre de 2012

IFIGENIA Y PERSEO

Entre los formidables restos arqueológicos que subsisten en el área circundante a la ciudad romana de Pompeya, destaca especialmente la Villa San Marco, en la vecina localidad de Stabia. La erupción del Vesubio, en el año 79 de nuestra era, hizo que la mayoría de estos restos se conservasen prácticamente intactos, sepultados durante siglos bajo la tierra y las cenizas generadas por el volcán.
La Villa San Marco, denominada así por existencia en sus proximidades de una capilla del siglo XVIII dedicada a este evangelista, es un vasto complejo residencial situado en un alto a las afueras del núcleo urbano de Stabia. Al igual que la mayoría de los vestigios arqueológicos del área pompeyana, fue descubierta y documentada por primera vez en la década de 1750, aunque su excavación sistemática no tuvo lugar hasta mediados del siglo XX. Se trata de una villa aristocrática fechada entre los gobiernos de los emperadores Augusto y Nerón, que comprende una superficie aproximada de 6.000 metros cuadrados e incluye dos atrios, unas termas privadas, numerosas salas y estancias, varias terrazas con vistas al exterior, un jardín rematado por una exedra, una fuente o ninfeo con un gran estanque, y un gran peristilo cuadrangular.
Los muros de esta villa están completamente decorados con pinturas al fresco del llamado IV Estilo Pompeyano. Una de las características identificativas de este estilo es la organización de los ciclos decorativos en paneles delimitados por un zócalo inferior y una cornisa superior. En la Villa San Marco los paneles, que ocupan la parte central de los muros, están pintados de un color rojo intenso y albergan figuras o paisajes orlados por un reborde, a la manera de un tapiz. Tanto las figuras como los paisajes tienen una calidad técnica y artística verdaderamente excepcional, como suele ser habitual en la pintura stabiana de aquella época. La decoración se completa en el zócalo inferior con fondos de color azul o negro, y en la cornisa superior mediante la introducción de diversos tipos de remates. Además, son frecuentes los motivos de candelabros dorados, bien como elementos divisorios entre unos paneles y otros, bien como cierre para las esquinas.
Las imágenes que reproducimos aquí son un buen ejemplo de este tipo de pintura. Pertenecen a una de las salas de descanso (dietae) situadas a un lado del ninfeo, cuya función era proporcionar un espacio para el ocio directamente conectado con el disfrute del jardín y el agua del estanque. La sala en cuestión está abierta por uno de sus lados mediante una ventana que da al jardín, así que la decoración se sitúa en las otras tres paredes. En cada una de éstas aparece una figura aislada, colocada justo en el centro de la composición, que representan respectivamente a Ifigenia (en la pared sur), a Perseo (en la pared este) y a una doncella con una vasija y un anillo (en la pared norte). Por la cornisa superior se asoman otras figuras femeninas tocando la lira y un amorcillo con una vasija, que confieren a la estancia un ambiente absolutamente encantador.
Vamos a interpretar sólo las dos figuras principales, las de Ifigenia y Perseo. La primera era hija de Agamenón y Clitemnestra. Su padre había encolerizado a la diosa Diana por haber matado una cierva en uno de sus bosques sagrados, con la única intención de presumir de su talento como cazador. Como consecuencia de ello, Diana impidió que el viento soplara durante mucho tiempo, evitando el avance de los barcos de Agamenón en su camino a la Guerra de Troya. Un adivino llamado Calcante reveló un oráculo según el cual la ira de la diosa sólo quedaría aplacada con el sacrificio de Ifigenia. Así lo aceptó el rey, pero cuando iba a comenzar el sacrificio, Diana se apiadó y sustituyó a la joven por una cervatilla. Entonces la condujo a Taúride (Crimea) y la designó sacerdotisa de su templo, con la misión de sacrificar en su honor a cualquier extranjero que pisase aquellas tierras. Su padre Agamenón, por otra parte, sería asesinado a la vuelta de la Guerra de Troya por Clitemnestra, como venganza por haber intentado matar a Ifigenia. En la pintura de la Villa San Marco Ifigenia aparece representada según su condición de sacerdotisa, vestida con una túnica verde y una capa dorada, mientras porta en una mano una antorcha y en la otra una estatuilla de la diosa Diana.
Por su parte, Perseo se muestra conforme a su iconografía tradicional, como un héroe clásico desnudo que porta un gladius (espada) en una mano y eleva con la otra la cabeza de Medusa. Esta representación sintetiza eficazmente el mito que protagonizó. Perseo era hijo de Júpiter y Dánae, a quien el rey de los dioses fecundó transformándose en lluvia de oro. El padre de Dánae, el rey de Argos Acrisio, ordenó encerrar a su hija y a Perseo en un arca y arrojarlos al mar, porque un oráculo le había predicho que moriría a manos de su nieto. El arca condujo a los dos a la isla de Séfiros, donde fueron recogidos por un pescador y llevados a presencia del rey Polidetes. Polidetes se enamoró de Dánae y, para librarse de Perseo, le encargó que le trajera la cabeza de una horrible gorgona llamada Medusa, un ser monstruoso con cabellos en forma de serpientes y una mirada capaz de petrificar a los hombres. Perseo, ayudado por los dioses Mercurio y Minerva, logró vencer a la gorgona y cortarle la cabeza. De vuelta a casa, Perseo encontró a la princesa etíope Andrómeda encadenada a una roca, dispuesta a ser sacrificada a un monstruo marino enviado por Neptuno. Enamorado de ella, Perseo la liberó y se casó con ella, después de derrotar al monstruo y vencer a los otros pretendientes petrificándoles con la mirada de Medusa. La cabeza de la gorgona fue luego entregada a la diosa Minerva, quien desde entonces la colocó en su escudo. En el camino de regreso a Argos, Perseo participó en unos juegos en la ciudad tesalia de Lárisa. Casualmente, su abuelo el rey Acrisio se encontraba presenciando dichos juegos. El héroe lanzó el disco con tan mala fortuna que golpeó a Acrisio en la cabeza y lo mató, cumpliéndose así la profecía. Avergonzado por esta muerte Perseo no quiso reinar en Argos, a pesar de ser el legítimo heredero, así que pactó un intercambio con su tío Megapentes, rey de Tirinto. Megapentes se convirtió en el nuevo rey de Argos y Perseo de Tirinto, siendo por esto considerado el fundador de la civilización micénica.

MÁS INFORMACIÓN:
http://www.stabiae.com/fountation_site/usa/Stabiae_Master_Plan_INGLESElr.pdf