Este blog pretende ser un recurso didáctico para estudiantes universitarios, pero también un punto de encuentro para todas aquellas personas interesadas por la Historia del Arte. El arte es un testimonio excepcional del proceso de la civilización humana, y puede apreciarse no sólo por sus cualidades estéticas sino por su función como documento histórico. Aquí se analiza una cuidada selección de obras de pintura, escultura y otras formas de expresión artística, siguiendo en ciertos aspectos el método iconográfico, que describe los elementos formales, identifica los temas que representan e interpreta su significado en relación a su contexto histórico y sociocultural.

lunes, 11 de febrero de 2013

LA BUENAVENTURA


Hace unos meses uno de nuestros seguidores preguntaba por qué en ocasiones había varias pinturas iguales, con el mismo título y realizadas por el mismo artista. Entonces recordábamos que las copias o réplicas de una misma obra, realizadas por un mismo autor, eran bastante frecuentes durante el Renacimiento y el Barroco. Muchos artistas contrataban aprendices y pintores de segunda fila para ponerlos a trabajar en su taller y así dar respuesta a la creciente demanda de los clientes, que demandaban imágenes que habían resultado especialmente exitosas. En estos casos, el artista principal se limitaba a retocar algunos detalles o a ejecutar los elementos más importantes (el rostro, las manos, etc.). El precio de la obra variaba dependiendo de su grado de intervención, por ejemplo cuántas manos eran realmente pintadas por el maestro.
Además de lo expuesto, también eran frecuentes las copias o versiones de determinadas obras maestras, que realizaban a posteriori otros artistas con mayor o menor fortuna. Para esto eran muy útiles los dibujos de tales obras maestras, que luego se difundían a través de grabados, y que servían para dar a conocer a determinados autores, temas y modelos iconográficos por toda Europa. Así por ejemplo, Rubens copió a Tiziano en repetidas ocasiones, mientras que Luca Giordano era admirado por su capacidad para imitar el estilo de otros pintores famosos como Rafael, Tintoretto, Correggio o Ribera. Todo ello sirvió para dinamizar de manera extraordinaria el mercado del arte durante los siglos XV al XVIII, implicando tanto a artistas como a mecenas, coleccionistas y clientes.
Hoy reproducimos dos pinturas salidas directamente de este contexto. La primera es un original seguro de Michelangelo Merisi da Caravaggio, que fue pintado hacia 1596 y fue descrito por el biógrafo Gian Pietro Bellori en su libro Le vite de' pittori, scultori et architetti moderni (1672) diciendo lo siguiente:
«[Caravaggio] llamó a una gitana que casualmente pasaba por la calle y llevándola al mesón la retrató en actitud de decir la buenaventura, como suelen estas mujeres de raza egipcia. Hizo también un joven que pone sobre la espada una mano con el guante y tiende la otra mano, descubierta, a la mujer, que la retiene y la mira.»
Se sabe que este cuadro perteneció a la noble familia romana de los Pamphili, y que fue regalado al rey Luis XIV cuando Bernini fue a Francia, pasando después al Museo del Louvre, donde se encuentra en la actualidad. La crítica moderna lo considera una de las obras más representativas de Caravaggio porque recoge algunas de sus principales características, como el tratamiento de un tema cotidiano, incluso vulgar, el énfasis en el claroscuro logrado mediante la introducción de un intenso haz de luz lateral, la disposición de un fondo neutro dinamizado por luces y sombras, y el interés por la psicología de los personajes. El proceso creativo también es muy identificativo de la forma de hacer de Caravaggio porque pintó el cuadro en una taberna y utilizó como modelo a una mujer de la calle. Esta actitud es típicamente barroca y despertó por igual admiración y rechazo entre sus contemporáneos. Si para algunos fue un genio revolucionario, para otros, en cambio, había venido a destruir el arte de la pintura, según la opinión de Poussin y Carducho, entre otros.
Aunque es cierto que Caravaggio a menudo escandalizaba y era rechazado por muchos clientes, sus lienzos también adquirieron gran popularidad. Por este motivo le fueron encargadas copias de sus propias obras o se pidió a otros pintores que las imitasen. Uno de estos dos casos es el de la segunda imagen que reproducimos aquí, conservada en el Museo Capitolino de Roma. No hay acuerdo sobre si se trata de una variante del cuadro de 1596, realizada con posterioridad por el propio Caravaggio, o si por el contrario éste fue el primero que sirvió de inspiración al cuadro de 1596, o incluso si pudiera ser una copia atribuida a otro pintor, concretamente a Carlo Saraceni. El lienzo fue vendido como original al Papa en 1750 pero hay historiadores del arte que han notado importantes diferencias de dibujo y de técnica pictórica con respecto al Caravaggio, y la consideran por tanto una copia setecentista.
En verdad este segundo cuadro muestra interesantes variantes si se compara con el primero. El punto de vista es ligeramente más bajo, los personajes se encuentran más cerca del espectador y hay más tensión entre ellos, tanto en las miradas como en las poses. Aunque los colores y el vestuario son parecidos los rostros son bien diferentes. También el tratamiento de las luces y claros del fondo es distinto, menos contrastado. Sea como fuere, este lienzo constituye un extraordinario testimonio de las múltiples e interesantes alternativas que ofrecía el mercado del arte durante el Barroco.




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