Este blog pretende ser un recurso didáctico para estudiantes universitarios, pero también un punto de encuentro para todas aquellas personas interesadas por la Historia del Arte. El arte es un testimonio excepcional del proceso de la civilización humana, y puede apreciarse no sólo por sus cualidades estéticas sino por su función como documento histórico. Aquí se analiza una cuidada selección de obras de pintura, escultura y otras formas de expresión artística, siguiendo en ciertos aspectos el método iconográfico, que describe los elementos formales, identifica los temas que representan e interpreta su significado en relación a su contexto histórico y sociocultural.

miércoles, 3 de abril de 2013

FERNANDO VI PROTECTOR DE LAS ARTES


Este retrato del rey Fernando VI de España es una obra del pintor navarro Antonio González Ruiz. Fue pintado en 1754 y se conserva en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid. González Ruiz trabajó al servicio de Fernando VI y de Carlos III, durante un período histórico que se caracteriza por la transición del Barroco al Neoclasicismo en el arte español. Formado en Madrid, en el taller de Michel-Ange Houasse, completó su formación viajando por Francia e Italia entre 1732 y 1737. En 1739 logró la categoría de Pintor del Rey y desde 1744 formó parte de la Junta Preparatoria para la fundación de la Academia de San Fernando, de la que fue primero director de la sección de Pintura y a partir de 1769 director general.
El cuadro que analizamos hoy puede interpretarse como un retrato ensalzador de las virtudes  de Fernando VI (en la línea de los «retratos de aparato»)  o como una alusión más o menos directa a la fundación de la Academia madrileña. Muestra al monarca en el centro de la composición rodeado por varias figuras alegóricas. El rey parece haberse levantado del trono situado a su izquierda, y viste coraza y manto de armiño, atributos propios de su condición, lo mismo que la corona sobre el orbe que se vislumbra al fondo a la izquierda. En el suelo aparecen varias piezas sueltas de una armadura, que indican su intención de apartarse de la guerra y favorecer la paz. Un pequeño amorcillo está dormido en la esquina inferior izquierda, recostado sobre un yelmo, como representando el descanso de las armas.
Ese detalle está relacionado con el caduceo que le presenta la figura femenina de la derecha, vestida con una túnica blanca y un manto rosa. Esta figura es una alegoría de la Paz y el caduceo es un símbolo de la concordia. El acto de ofrecer el caduceo al rey está relacionado con el movimiento de Mercurio, el heraldo de los dioses que recibió esta vara de manos de Apolo, con el fin de hacer llegar los mensajes positivos y facilitar la buena comunicación entre todos los seres. Detrás de la Paz se asoma la figura de la Prosperidad revestida de azul, coronada de flores y portando una cornucopia o cuerno de la abundancia, como prueba de los beneficios derivados de las decisiones pacíficas del rey (quien por cierto señala a la mujer con la mano). Finalmente, arriba al fondo aparece entre las nubes un ángel divino que lleva una rama de olivo y una trompeta. El olivo refuerza la iconografía de la paz y la trompeta es el instrumento anunciador de las acciones del monarca, que le otorgarán justa fama.
Sin ser una persona especialmente hábil ni capaz, Fernando VI se destacó por haber promovido uno de los gobiernos más tranquilos y prósperos del siglo XVIII español. Con la ayuda de su ministro el Marqués de la Ensenada, facilitó el saneamiento de la Hacienda Pública, desarrolló los primeros catastros, luchó contra el inmovilismo de las propiedades amortizadas, potenció la fisiocracia para mejorar el rendimiento de la agricultura y fundó reales fábricas para la producción de manufacturas. Pero sin duda una de sus mayores contribuciones fue la creación de la Academia de San Fernando el 12 de abril de 1752, para desarrollar el estudio de las disciplinas artísticas y normativizar los criterios estéticos, que pronto quedarían mediatizados por el «buen gusto» neoclásico.
Este último aspecto aparece representado en el cuadro mediante el pequeño genio con alas de mariposa que se encuentra entre el rey y la alegoría de la Paz. El niño sostiene un lápiz en una mano y en la otra un pliego de papel con un plano dibujado en él. Otros papeles, una paleta de pintor, varios pinceles y un busto escultórico se desperdigan a sus pies. La entrañable figura de este niño recuerda de esta forma el mecenazgo cultural de Fernando VI, que apenas dos años antes de que fuera pintado el cuadro había eclosionado en la fundación de la Academia de San Fernando.

 

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