Este blog pretende ser un recurso didáctico para estudiantes universitarios, pero también un punto de encuentro para todas aquellas personas interesadas por la Historia del Arte. El arte es un testimonio excepcional del proceso de la civilización humana, y puede apreciarse no sólo por sus cualidades estéticas sino por su función como documento histórico. Aquí se analiza una cuidada selección de obras de pintura, escultura y otras formas de expresión artística, siguiendo en ciertos aspectos el método iconográfico, que describe los elementos formales, identifica los temas que representan e interpreta su significado en relación a su contexto histórico y sociocultural.

martes, 23 de julio de 2013

ALGUNOS CÍRCULOS


Algunos círculos (Nueva York, Guggenheim Museum, 1926), de Wassily Kandinsky, es uno de los más claros exponentes de la pintura abstracta desarrollada en Europa durante las primeras décadas del siglo XX. De formato perfectamente cuadrado (140 x 140 cm), es una composición geométrica sin ninguna referencia figurativa, realizada a base de círculos de colores diversos, que se diseminan por el espacio y en ocasiones se tocan o se superponen unos sobre otros, formando varias tangentes y secantes. El centro, no exacto, de esta composición lo ocupa un gran círculo azul brillante cubierto en parte por un círculo negro y bordeado por un halo claro e irregular, como si de un eclipse se tratase. En torno a este núcleo central flotan otros círculos de menor tamaño y colores claros, que se asemejan a globos de luz y se transparentan cuando se superponen encima de otros círculos. Esta superposición genera sutiles matices cromáticos que destacan sobre el fondo gris oscuro, animado por algunas vetas y cambios de tonalidad.
El camino hacia la abstracción se desarrolló desde orígenes y geografías distintas en el seno de las principales vanguardias artísticas de principios del siglo XX: desde el Expresionismo en Alemania, desde el Neoplasticismo en los Países Bajos, desde el Constructivismo en Rusia o desde el Cubismo y el Orfismo en Francia, entre otras experiencias estéticas, científicas, técnicas y espirituales. Todas ellas tuvieron en común el deseo de alejarse de la imitación de la naturaleza. Estos artistas querían dotar a la obra de arte de leyes internas propias, favoreciendo su total autonomía y defendiendo su valor por sí misma, no por su referencia a ideas u objetos preconcebidos. Como consecuencia de ello, el arte abstracto trajo consigo una reflexión radical en contra de los valores tradicionales de la pintura y de la visión cultural de la realidad.
Un aspecto interesante del arte abstracto es su rechazo a las convenciones y las características de la sociedad de la época, en especial el materialismo. Esto tiene su origen en la creencia de que el mundo occidental se encontraba en una situación de profunda decadencia, lo cual está directamente relacionado con la devastación producida por la Primera Guerra Mundial. Como alternativa, la abstracción apostó por la intuición como forma de conocimiento y se revistió de una cierta espiritualidad, sobre todo entre artistas del norte de Europa como Malevich, Mondrian o el propio Kandinsky.
El cuadro de los círculos refleja mucho de esa espiritualidad. Desde el punto de vista técnico está inspirado por la teoría de los colores de Goethe y los talleres de pintura de vidrio de la Bauhaus, donde Kandinsky fue profesor. También se basa en los experimentos luminosos de Ludwig Hirschfeld-Mack, que fueron igualmente utilizados por otros artistas como Paul Klee. Pero la visión equilibrada de esos círculos flotantes en el espacio sugiere aspectos más trascendentes. Kandinsky se expresó muchas veces en este sentido cuando se refería a las características de la pintura abstracta. Para él, este nuevo arte podía funcionar como una herramienta de regeneración espiritual de la sociedad, con el objetivo de construir un futuro mejor. El manifiesto más claro al respecto es la introducción de su libro De lo espiritual en el arte (1952), de donde me permito extraer algunos pasajes para terminar:
 
«Toda obra de arte es hija de su tiempo, muchas veces es madre de nuestros sentimientos.
De la misma forma, cada período de la cultura produce un arte propio que no puede repetirse. El intento de revivir principios artísticos pasados puede producir, a lo sumo, obras de arte que son como un niño muerto antes de nacer. Por ejemplo, no podemos en absoluto sentir y vivir interiormente como los antiguos griegos. Los esfuerzos por poner en práctica los principios griegos de la escultura, por ejemplo, solamente crearán formas parecidas a las griegas pero la obra quedará inanimada para siempre [...]
Nuestra alma, que después de un largo período materialista se encuentra aún en los comienzos del despertar, contiene gérmenes de la desesperación, de la falta de fe, de la falta de meta y de sentido. Todavía no ha pasado toda la pesadilla de las ideas materialistas que convirtieron la vida del universo en un penoso juego sin sentido. El alma que despierta se halla aún bajo la impresión de esta pesadilla. Sólo una débil luz alborea como un puntito único en un enorme círculo negro. Esta débil luz es sólo un presentimiento que el alma no se atreve a ver, dudando si la luz será un sueño y el círculo negro la realidad [...]
Un edificio grande, muy grande, pequeño o mediano, dividido en diversas salas. Las paredes de las salas llenas de lienzos pequeños, grandes, medianos. A veces miles de lienzos que reproducen por medio del color trozos de “naturaleza” […] Las personas llevan libros en la mano y van de un lienzo a otro, hojean y leen los nombres. Luego se marchan, tan pobres o tan ricas como entraron, y son absorbidas inmediatamente por sus intereses, que no tienen nada que ver con el arte. ¿Por qué vinieron? Cada cuadro encierra misteriosamente toda una vida, toda una vida con muchos sufrimientos, dudas, horas de entusiasmo y de luz. ¿Hacia dónde se dirige esta vida? ¿Hacia dónde clama el alma del artista, si también participó en la creación? ¿Qué proclama? “Enviar luz a las profundidades del corazón humano es la misión del artista”, dice Schumann […]
Este arte, que no encierra ninguna potencia del futuro, que es sólo un hijo del tiempo y nunca crecerá hasta ser engendrador de futuro, es un arte castrado. Tiene poca duración y muere moralmente en el momento en que desaparece la atmósfera que lo ha creado.
El otro arte, capaz de evolución, radica también en su período espiritual pero no sólo es eco y espejo de él sino que posee una fuerza profética vivificadora, que puede actuar amplia y profundamente. La vida espiritual, a la que también pertenece el arte y de la que el arte es uno de sus más poderosos agentes, es un movimiento complejo pero determinado, traducible a términos simples, que conduce hacia adelante y hacia arriba. Este movimiento es el del conocimiento. Puede adoptar diversas formas, pero en el fondo conserva siempre el mismo sentido interior, el mismo fin.»

 

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