Este blog pretende ser un recurso didáctico para estudiantes universitarios, pero también un punto de encuentro para todas aquellas personas interesadas por la Historia del Arte. El arte es un testimonio excepcional del proceso de la civilización humana, y puede apreciarse no sólo por sus cualidades estéticas sino por su función como documento histórico. Aquí se analiza una cuidada selección de obras de pintura, escultura y otras formas de expresión artística, siguiendo en ciertos aspectos el método iconográfico, que describe los elementos formales, identifica los temas que representan e interpreta su significado en relación a su contexto histórico y sociocultural.

viernes, 19 de julio de 2013

EL DINTEL 24 DE YAXCHILÁN

Esta obra maestra del arte maya procede del yacimiento arqueológico de Yaxchilán (Piedras Verdes), situado en la cuenca del río Usumacinta, en el Estado mexicano de Chiapas. Forma parte de una serie de tres paneles de piedra caliza que decoraban el dintel de la puerta central de la denominada Estructura 23. El sitio fue documentado y excavado por primera vez en 1882, por el explorador inglés Alfred P. Maudslay, razón por la cual este dintel, el nº 24, junto con el nº 25 y otras piezas arqueológicas también provenientes de Yaxchilán, se conservan hoy en el Museo Británico de Londres; el tercer dintel de la serie, el nº 26, está depositado en el Museo Nacional de Antropología de México.
La Estructura 23 de Yaxchilán pertenece al Período Clásico Tardío y está dedicada a K'ab'al Xook, esposa del rey Escudo-Jaguar II. Es un edificio especialmente significativo porque fue el primero que se construyó en la ciudad después de un intervalo de 150 años de inactividad edilicia. Su ornamentación comprende un programa iconográfico centrado en la refundación de Yaxchilán y la legitimación del gobierno de la dinastía de Escudo-Jaguar. Con este objetivo representa al rey y a la reina dando cumplimiento a diversos rituales religiosos, desarrollados para conmemorar su ascensión al trono.
La escena que muestra el dintel nº 24 está relacionada con la obligación que tenían los soberanos mayas de verter su propia sangre para apaciguar a los dioses. A la derecha, arrodillada, se encuentra la reina Xook en el acto de pasarse una cuerda espinosa por un agujero practicado en la lengua mientras su esposo el rey Escudo-Jaguar la alumbra con una antorcha llameante. Las púas de obsidiana de la cuerda son claramente visibles aunque no tanto el derramamiento de sangre, limitado a unos tenues regueros alrededor de la boca de Xook. En el suelo, no obstante, hay preparado un cesto con unas tiras de papel cuya función es recoger las gotas de sangre del sacrificio. Por su parte, la antorcha que porta el monarca nos revela que el ritual está teniendo lugar en la oscuridad de la noche o en el interior de un templo.
El relieve posee algunas de las características más destacadas de la escultura maya: el borde rectangular que enmarca toda la composición, la diferencia de plano entre las figuras y el fondo rehundido, la representación de las figuras de perfil, la técnica del bajorrelieve para marcar los volúmenes, la coloración con pigmentos (se observan restos de azul maya, turquesa y rojo), y la introducción de elementos de escritura jeroglífica que documentan la obra. En este caso concreto, los glifos tallados en el lateral izquierdo contienen el nombre y los títulos de la reina K'ab'al Xook, mientras que los de la esquina superior indican la fecha exacta en que tuvo lugar el sacrificio (24 de octubre del año 709), y el nombre de la ciudad-estado de Yaxchilán.  
En la estructura socio-religiosa de los mayas, los reyes actuaban como intermediarios entre los dioses y el pueblo llano. El rol del monarca como nexo de unión entre la esfera divina y la humana se expresaba en múltiples aspectos. Su vestimenta incluía muchos atributos de dioses, no con la intención de disfrazarse de ellos sino de adoptar su identidad divina. Además, debían efectuar rituales públicos, cuya función era influir favorablemente en el destino de toda la población. Así, en su papel de dioses, ejecutaban danzas dramáticas sobre la creación del mundo y sobre otras grandes historias de la mitología mesoamericana. También se exhibían públicamente en las principales ceremonias y en ocasiones consumían sustancias alucinógenas para entrar en trance e inducir visiones acerca del Más Allá. La participación de los soberanos era siempre considerada como el punto culminante de la vida religiosa de los mayas.
Pero el ritual más importante al que estaban obligados era el sacrificio de sangre real. Los soberanos varones se perforaban la lengua, los lóbulos de las orejas o los genitales con aguijones de manta raya, con alfileres de hueso o con puntas de obsidiana para extraerse sangre. Por su parte, las reinas se pasaban una cuerda espinosa por un agujero abierto en la lengua, como hemos visto que hacía la dama Xook. La ofrenda de sangre debía empapar por completo unas tiras de papel que luego se colocaban en unos incensarios especiales. Allí se mezclaban con incienso, resinas y otros productos para producir un humo sagrado que debía servir de alimento a los dioses.
La inmolación, el autocastigo y los sacrificios humanos eran una constante en la religión maya, al igual que en otras culturas precolombinas y también de otras latitudes geográficas. Desde el punto de vista de la antropología, los ritos pretenden sobre todo garantizar la cohesión social y mantener el orden establecido mediante la realización de actos colectivos, que refuerzan los sentimientos de pertenencia a la comunidad. En aquellas sociedades en las que la lucha por la supervivencia es especialmente dura, con frecuencia se desarrolla una mitología basada en divinidades terribles, caprichosas y vengativas. Por esta razón los dioses deben ser aplacados e inspirados de forma positiva para favorecer la prosperidad de los hombres. Es una forma simbólica de explicar por qué el mundo es tan cruel y la vida resulta tan complicada. Y así lo creían los mayas.

 
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