Este blog pretende ser un recurso didáctico para estudiantes universitarios, pero también un punto de encuentro para todas aquellas personas interesadas por la Historia del Arte. El arte es un testimonio excepcional del proceso de la civilización humana, y puede apreciarse no sólo por sus cualidades estéticas sino por su función como documento histórico. Aquí se analiza una cuidada selección de obras de pintura, escultura y otras formas de expresión artística, siguiendo en ciertos aspectos el método iconográfico, que describe los elementos formales, identifica los temas que representan e interpreta su significado en relación a su contexto histórico y sociocultural.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

LOS CUATRO CONTINENTES

Todavía hoy se discute sobre el número de continentes, que varía según los especialistas y el país en el que nos encontremos. Desde una perspectiva bastante etnocentrista, los continentes pueden contarse como cinco, seis y hasta siete, según se quiera o no subdividir en dos América y Eurasia. Sin embargo, hasta épocas relativamente recientes no existía tal discusión porque el número total de continentes conocidos era sólo cuatro: los tres más antiguos, Europa, Asia y África, más o menos explorados desde la Antigüedad, y América, donde los europeos comenzaron a asentarse de forma estable a finales del siglo XV. Por el contrario, gran parte del hemisferio sur permaneció en los mapas denominada como Terra Australis Incognita hasta que fue cartografiado por primera vez en el siglo XVII. La colonización de Australia y Oceanía se iniciaría aún más tarde, a finales del siglo siguiente, y la Antártida no sería investigada hasta principios del siglo XIX.
Este es el punto de partida para comprender el sentido que tenían las alegorías geográficas en el arte renacentista y barroco. Habitualmente eran utilizadas como una forma de mostrar los confines por los que se extendía un imperio determinado, y con ese fin de introducían en ciclos decorativos y pinturas murales de contenido político. Para la mentalidad de la época, la representación figurada de una monarquía rodeada de los continentes suponía una forma de expresión del poder. Y si en aquella representación aparecían Europa, Asia, África y América, era como decir que su poder se extendía por todo el mundo.
El lenguaje pictórico no utiliza las mismas herramientas que la cartografía, aunque en ocasiones puede valerse de ellas. En una pintura no puede representarse un continente con un simple mapa, entre otras razones porque quizás no concuerde bien con el resto de las figuras y personajes de la composición. Para solventar esta dificultad los artistas utilizaron símbolos o alegorías, que la tradición había establecido desde tiempo atrás. Así, cada continente, incluso cada país, era personificado mediante una matrona o mujer acompañada de ciertos atributos característicos de su territorio. Estos atributos podían ser flores, frutos, animales, objetos e incluso personas que se muestran vestidas de acuerdo con sus costumbres regionales. A finales del siglo XVI, el italiano Cesare Ripa cifró la manera de pintar estas alegorías en su famoso Tratado de Iconología, que ya hemos citado otras veces aquí. Las imágenes que reproducimos a continuación pertenecen a distintas épocas y autores, pero todas siguen aquellas directrices.
La primera alegoría corresponde a una serie de grabados sobre los cuatro continentes, que fue publicada en Inglaterra en 1631, por John Strafford, y hoy se conserva en el Museo Británico de Londres. Representa a Europa como una mujer engalanada con una rica vestimenta, una corona y un cetro característicos de la realeza, porque era considerada la primera y principal de las partes del mundo, según los autores clásicos. A sus pies se ve una cornucopia o cuerno de la abundancia, en alusión a su fecundidad y riqueza, y también un globo con las constelaciones del firmamento, que simboliza el desarrollo científico alcanzado por los europeos. Al fondo a la izquierda destaca una iglesia porque «en ella radica, en la época presente, la Religión perfecta y verdadera, que es muy superior a las restantes», según Cesare Ripa. Finalmente, a la derecha se distingue una pareja de bueyes arando, como ejemplo de sus labores agrícolas, y más atrás una flota de barcos fondeada frente a la costa, testimonio del comercio y la navegación. Aunque no se muestren en esta imagen, hay otros atributos que pueden añadirse a la alegoría de Europa, siguiendo la descripción de Ripa. Estos son, entre otros, un libro con una lechuza, varios instrumentos musicales y diversas herramientas relativas a la arquitectura y la pintura, que ensalzan su superioridad en el campo de las ciencias, la literatura y las artes frente a otras partes del mundo. También un caballo, un grupo de coronas, guirnaldas y cetros, así como escudos, trofeos militares y otras clases de armas, que se refieren a la gran cantidad de príncipes y ejércitos poderosos que se concentran en el Viejo Continente.
La imagen de Asia está tomada de un cuadro del napolitano Luca Giordano, realizado hacia 1695 para el Alcázar Real de Madrid. El original fue dañado en un incendio pero se conserva una copia algo posterior en la Fundación Banco Santander. Muestra a una mujer enjoyada, tocada con una bella corona de flores diversas, y revestida con un riquísimo traje bordado de oro y perlas. La corona de flores, que en ocasiones también incluye frutos variados, hace referencia al clima benigno de aquel continente, que produce toda suerte de cosas deliciosas, en particular especias tan importantes como la canela, la pimienta y el clavo. El traje bordado y las joyas muestran la gran cantidad de textiles y alhajas que desde la Edad Media se obtenían de Asia a través de las rutas comerciales. Esta riqueza en el vestido femenino viene complementada por las túnicas y los turbantes de los hombres situados en el último plano de la izquierda. Junto a la mujer hay un camello recostado, animal característico de los países árabes, y un incensario ardiente que hace referencia a las plantas aromáticas y a las esencias tan abundantes en Asia. La escena se completa con varios angelotes que portan sedas y elementos vegetales para indicar la extraordinaria fecundidad de esta tierra.
La alegoría de África pertenece a la edición original del Tratado de Ripa, publicada en Roma en el año 1593. Es la personificación de una mujer negra, semidesnuda, con el pelo encrespado y una cabeza de elefante por cimera. Se adorna con un collar y unos pendientes fabricados de coral, y sostiene un escorpión en la mano derecha mientras que en la siniestra porta una cornucopia rebosante de frutos y espigas. A su lado aparece un león y al otro varias serpientes venenosas. El color negro y el pelo rizado aluden a la raza de sus habitantes, mientras que el escaso vestido es propio del calor tórrido que se disfruta en sus latitudes. La testa de elefante recuerda a este mismo animal, que es muy común en la fauna africana y ha sido repetidamente utilizado como arma de combate, tal como hizo el cartaginés Aníbal. Lo mismo sucede con el león, las serpientes y el escorpión, que son abundantes en este continente. La cornucopia, finalmente, es un símbolo de las riquezas naturales de África, que desde los tiempos de los romanos fueron sistemáticamente explotadas. Como ejemplo de ello, baste recordar que Egipto era conocido como «el granero de Roma».  
La última figura representa a América y es un grabado italiano que fue divulgado a través de la obra de Giulio Ferrario Il costume antico e moderno, editada en Milán en 1820. A pesar de su fecha aún sigue las pautas establecidas por Cesare Ripa en el siglo XVI y representa a América como una india desnuda, con los cabellos trenzados (aunque en la versión original suelen estar revueltos), como era habitual entre los pueblos salvajes antes de la llegada de los conquistadores. Lleva ornamentos de plumas de diversos colores, similares a los que confeccionaban muchas culturas precolombinas, y va armada con un arco y un una flecha. A sus pies se encuentra una cabeza humana atravesada por otra flecha, lo que alude a su feroz resistencia contra la invasión europea pero también a la presunta afición de sus indígenas por el canibalismo, según se creía entre los europeos del Renacimiento. A su alrededor aparece un caimán o un lagarto de grandes dimensiones, además de una tortuga, una llama y otros animales característicos de la fauna de aquel continente. El paisaje montañoso sobre el cual se destaca el cuerpo de la mujer está inspirado en una de las ilustraciones de la obra de A. Von Humboldt Vues des Cordillères et monumenys des peuples de l'Amérique, Atlas Pittoresque, que supuso uno de los grandes hitos del desarrollo de la Geografía como ciencia.
De esta forma veían los europeos a los cuatro continentes conocidos a principios de la Edad Moderna. Desde luego las imágenes son retratos imaginados, basados en estereotipos y visiones fragmentadas de cada territorio. Pero recogen muchos de sus elementos característicos y han servido de soporte a otros símbolos, figuraciones y logotipos posteriores.

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