Este blog pretende ser un recurso didáctico para estudiantes universitarios, pero también un punto de encuentro para todas aquellas personas interesadas por la Historia del Arte. El arte es un testimonio excepcional del proceso de la civilización humana, y puede apreciarse no sólo por sus cualidades estéticas sino por su función como documento histórico. Aquí se analiza una cuidada selección de obras de pintura, escultura y otras formas de expresión artística, siguiendo en ciertos aspectos el método iconográfico, que describe los elementos formales, identifica los temas que representan e interpreta su significado en relación a su contexto histórico y sociocultural.

lunes, 18 de noviembre de 2013

JONÁS Y LA BALLENA

Según el Antiguo Testamento, Jonás era un profeta a quien Dios encomendó la tarea de convertir a los paganos de la ciudad asiria de Nínive. Ante la dificultad de esta tarea, Jonás decidió huir y se embarcó en Jaffa en un barco con destino a la lejana Tarsis. Dios lo castigó por su desobediencia provocando una tempestad que hizo zozobrar el barco. Cuando Jonás confesó ante el resto de la tripulación que él era el causante de la tormenta, fue arrojado al mar. Inmediatamente fue engullido por un «gran pez» que la creencia popular identificó con una ballena o un monstruo marino. Arrepentido, rezó al Señor por su salvación y, tres días más tarde, fue vomitado en una playa sin haber sufrido daño alguno. Jonás cumplió entonces su destino y fue a predicar a Nínive, que se salvó de la destrucción gracias a que sus habitantes aceptaron la palabra de Dios.
De toda esta historia el episodio que más ha sido representado a lo largo de la Historia del Arte ha sido sin duda el momento en que Jonás es tragado por la ballena. También existen retratos del profeta acompañado de un gran pez, como atributo característico que le identifica. Quizá la imagen más famosa de Jonás es la que Miguel Ángel incluyó en uno de los frescos de la Capilla Sixtina (1511), en la parte de la bóveda situada junto a la pared del altar. Otras representaciones destacadas son las de los mosaicos del pavimento de la Catedral de Aquilea (siglo IV), la de Giotto en un panel al fresco de la Capilla Scrovegni de Padua (1305), la de Giulio Campi y Bernardino Gatti en la bóveda de San Sigismondo de Cremona (1549), y la de Tintoretto en un tondo conservado en la Scuola Grande di San Rocco en Venecia (1578).
La que reproducimos aquí está en un recuadro del Altar de Klosterneuburg, cerca de Viena. El altar es una obra excepcional de la orfebrería medieval, realizado en 1181 para el monasterio agustino de esta localidad. Su autor fue Nicolás de Verdún, que combinó cobre dorado y esmalte con inusitada maestría para componer un tríptico que muestra 51 escenas del Antiguo y del Nuevo Testamento. Iconográficamente, las escenas están todas conectadas entre sí, de tal forma que tienen relación no sólo con las que se encuentran en su misma fila sino también con las que hay encima o debajo de cada una. La escena de Jonás y la ballena, por ejemplo, se localiza en la fila inferior, exactamente debajo del recuadro que representa el entierro de Cristo. La causa de esto es que el propio Jesucristo se refirió a Jonás en el Nuevo Testamento:

«Porque así como Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre del monstruo marino, así también el Hijo del hombre estará tres días y tres noches dentro de la tierra.» (Mateo 12, 40)

La escena, por tanto, encierra en enorme significado teológico como prefiguración de la resurrección de Cristo. Al igual que Jonás salió del interior de la ballena al cabo de tres días, Jesucristo salió de su sepulcro y resucitó tres días después de su crucifixión. Por eso la representación de Jonás aparece normalmente en programas iconográficos relacionados con la muerte de Cristo, y por extensión en sarcófagos, catacumbas y otras obras de arte funerario.
La historia de Jonás y la ballena también fue motivo de inspiración para otros hechos sobrenaturales relacionados con la navegación de los mares. Esto tiene que ver con el poco conocimiento que había acerca del espacio geográfico durante la Edad Media, porque gran parte del mismo aún no había sido contrastado por la experiencia. Salvo el entorno próximo del Mare Nostrum Mediterraneum, apenas había pequeñas nociones sobre el resto de los continentes y lugares del mundo. Las noticias sobre otros territorios alejados del círculo mediterráneo eran tan imprecisas que, con frecuencia, se transmitían cargados de elementos fantásticos. El miedo a lo desconocido, y los relatos increíbles de aquellos pocos viajeros que se habían adentrado en el mar abierto, excitaba la imaginación de los europeos, que creyeron en la existencia maremotos y cataclismos, islas ignotas, seres deformes, hombres salvajes, razas de caníbales y personajes mitológicos como las amazonas o los gigantes.
La falta de argumentos con las que justificar determinados fenómenos marítimos provocó la búsqueda de referencias en el sistema de conocimientos más difundido en aquella época, que era la Historia Sagrada. Para la mentalidad supersticiosa e ingenua de la Edad Media, el episodio de Jonás constituía desde luego una buena explicación. También la importación de elementos mágicos venidos de otras culturas y la actualización de mitos clásicos como el de Ulises enfrentándose a las sirenas en la Odisea. Pero sin duda una de las más imaginativas fue la historia de San Brandán, narrada en un curioso libro del siglo X titulado Navigatio Sancti Brendani. San Brandán fue un monje evangelizador que vivió en el siglo VI en Irlanda, y que navegó errante durante siete años por el Atlántico en busca de la Isla del Paraíso. En mitad de su periplo desembarcaron en un islote y encendieron una hoguera, resultando que no era un islote sino un enorme pez llamado Jasconio.
La segunda imagen que publicamos hoy pertenece a un «bestiario» manuscrito e iluminado en Inglaterra en el siglo XII. Un bestiario es una colección de bestias o animales, además de plantas y otros elementos orgánicos, que pueden ser reales o fantásticos. Este tipo de libros fueron muy populares durante la Edad Media, sobre todo en Francia y en las Islas Británicas, aunque también en España. Se trataba de descripciones, normalmente acompañadas de imágenes bellamente iluminadas, y una lección moral relacionada con las características o los valores atribuidos a cada animal. Los bestiarios, por tanto, entroncaban directamente con la religiosidad de la época y plasmaban un lenguaje simbólico que fue igualmente desarrollado en la literatura y el arte cristianos. Así, la ballena representada en esta ilustración está de nuevo inspirada en el episodio de Jonás y la ballena, porque más que una ballena parece un enorme monstruo marino que ataca un barco y se traga de manera terrible a uno de sus marineros. 

1 comentario:

  1. La historia de Jonás/Ioannes es muy antigua y se refiere a la muerte y el renacimiento. Por ejemplo en el caldero traco indio de Gundestrup, se observa un niño montando un delfín. Delfis es el útero o cerda de mar (porcelana). Tema también de la vida de un santo cristiano.

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