Este blog pretende ser un recurso didáctico para estudiantes universitarios, pero también un punto de encuentro para todas aquellas personas interesadas por la Historia del Arte. El arte es un testimonio excepcional del proceso de la civilización humana, y puede apreciarse no sólo por sus cualidades estéticas sino por su función como documento histórico. Aquí se analiza una cuidada selección de obras de pintura, escultura y otras formas de expresión artística, siguiendo en ciertos aspectos el método iconográfico, que describe los elementos formales, identifica los temas que representan e interpreta su significado en relación a su contexto histórico y sociocultural.

miércoles, 30 de enero de 2013

EL BASTÓN DEL CARDENAL CISNEROS

El llamado Bastón de mando del Cardenal Cisneros es una vara o báculo salido de la ebanistería nazarita de mediados del siglo XIV o principios del XV, que supuestamente perteneció al insigne arzobispo de Toledo. Se conserva en Alcalá de Henares, en el convento de monjas franciscanas de San Juan de la Penitencia, vulgo Las Juanas, y constituye un buen ejemplo del gusto por la cultura islámica profesado por la nobleza y la iglesia cristianas al final de la Edad Media.
Su existencia permaneció casi completamente ignorada hasta el año 1926. Fue entonces cuando una exposición de arte religioso sacó a la luz el objeto, al igual que otros muchos que eran prácticamente desconocidos por guardarse en las clausuras de Alcalá. En aquel entonces se describió como un «bastón de granadillo, marfil y hierro, con inscripciones arábigas y primorosas labores». El historiador del arte Manuel Gómez-Moreno visitó aquella exposición y se interesó por el objeto, iniciando sus propias investigaciones. Éstas le llevaron a la conclusión de que Cisneros se trajo el báculo desde Granada en el año 1499, como consecuencia de su acción evangelizadora entre los moros. Elías Tormo secundó esta hipótesis diciendo que el mencionado bastón era en realidad un cetro de los reyes nazaríes.
Sin embargo de lo expuesto, las crónicas históricas hablan de la adquisición de un bastón en un contexto bien diferente. Alvar Gómez de Castro, el biógrafo oficial del Cardenal Ximénez de Cisneros, lo cuenta de esta forma al referirse a la conquista de la plaza norteafricana de Mazalquivir, en otoño de 1505:
«Vinieron algo después a visitar al rey algunos tribunos militares enviados por Diego [Fernández de Córdoba]: Diego de Vera, Gonzalo de Ayora, Pedro López de Orozco, a quien los árabes llamaban El Zagal por su singular destreza en la guerra. Éste llevó a Ximénez, de entre los despojos de los árabes, un bastón de ébano selecto, muy pulido y negro, distintivo que llevaban los caídes, que es como llaman los árabes a sus sacerdotes y ancianos. Y después de usarlo algunos días, como agradecimiento a El Zagal, Ximénez le envió a su Universidad de Alcalá, como testimonio de la victoria y prenda de su amigo, varón óptimo.»

Según este relato, el bastón fue regalado a Cisneros por Don Pedro López de Orozco, El Zagal, que lo había obtenido como botín durante la campaña de Mazalquivir, y después fue llevado a Alcalá de Henares, conservándose en alguno de los edificios de su universidad. Pero entonces ¿cómo llegó el bastón al convento de Las Juanas?
Los historiadores del arte han debatido sobre si fue un solo bastón que se trasladó de la universidad al convento, o por el contrario había dos bastones diferentes, uno procedente de Granada y otro de Mazalquivir. Esta última hipótesis parece confirmarla una cita de don Vicente de la Fuente, que entre 1875 y 1877 recuperó «uno de los bastones del Cardenal Cisneros, que había ido a parar a un anticuario de Madrid», y que lamentablemente no ha llegado a nuestros días.
El caso es que el único bastón que se conserva hoy es el del convento de Las Juanas de Alcalá. Su existencia allí puede deberse a un mandato personal del Cardenal Cisneros, que ordenó la fundación del monasterio en 1508 y en su testamento le otorgó cuantiosas rentas, tierras y objetos preciosos como tapices, alfombras, capelos, ornamentos litúrgicos y otros objetos varios relacionados con su persona, concretamente, una copia del famoso retrato que le hizo Felipe Bigarny, un relicario de madera con forma de cruz pectoral y el citado bastón. Éste se conserva hoy guardado en el interior de una urna de madera con tapa de cristal y en su interior una cartela que lo identifica como «Bastón del Cardenal Cisneros».
Mide 147 cm pero no es todo de una pieza: está formado por dos cilindros de madera de ébano, que embuten un eje de hierro envuelto en fibra de cáñamo encolada. Estos cilindros quedan sujetos en su base por anillas de latón. La vara totalmente forrada mide 25 mm de diámetro. El largo del bastón queda compartimentado a intervalos de 413, 415 y 295 mm por tres manzanas o nudos esféricos tallados con un entrelazado geométrico, semejante al de las yeserías de la Sala de las Dos Hermanas, en la Alhambra. Dicha decoración se caracteriza por la inclusión de polígonos sueltos entre sus enlaces y es típica en Granada entre 1354 y 1408, fechas que comprenden los reinados de Muhammad V y Muhammad VII.
La superficie de los tramos presenta incrustaciones de hueso que describen casi simétricamente ondulaciones, un efecto bastante raro que alterna las zonas en blanco y en negro. Esta labor de taracea ha perdido materiales en algunos puntos, lo que deja al descubierto la estructura. En el extremo superior se adhiere al primero de los nudos una empuñadura cilíndrica lisa de 245 mm, enmarcada por dos piezas cuadradas de 60 mm de altura y rematada por un botón bulboso de gajos. Los susodichos cuadrados han sido cercenados por una cara; no sabemos con qué amplitud ni qué forma y uso podía tener esa prolongación. Muestran sus superficies labradas con atauriques de hojas picadas similares a los de los nudos (otra vez la inspiración granadina). También aparece repetido el famoso lema de los reyes nazaríes en letra cursiva: «No hay vencedor sino Alá».
El análisis estilístico y el lema real nazarita no generan dudas en torno a la paternidad granadina del bastón. El pormenorizado estudio que le han dedicado sucesivamente Manuel Gómez-Moreno, Leopoldo Torres Balbás y Basilio Pavón Maldonado, corroboran esta hipótesis. Por otra parte, la gran calidad de los atauriques y arabescos hacen pensar que el propietario original pudiera ser en efecto un sacerdote, un juez o un altísimo dignatario de la Corte de Granada que lo utilizaba a modo de cetro o vara. En los siglos XIV y XV, no obstante, el cetro musulmán era de menor longitud, igual que el de las cortes cristianas. Por sus medidas, el de Las Juanas se parece más a un bastón de mando militar.
Por su propia personalidad y por las importantes funciones que ejerció como gobernante, a Cisneros no debieron pasarle inadvertidas todas esas connotaciones simbólicas de poder. Así que es comprensible que el bastón fuera considerado un elemento especialmente valioso entre todos los tesoros obtenidos por el Cardenal durante su cruzada contra los moros, al igual que la lámpara de la Mezquita Real de la Alhambra (hoy en el Museo Arqueológico Nacional), y varias trompetas y añafiles granadinos que fueron colocados en la Capilla del Colegio Mayor de San Ildefonso, de la Universidad de Alcalá.


sábado, 12 de enero de 2013

VULCANO, NEPTUNO, MINERVA Y MERCURIO

En la ciudad de Herculano existe una importante área suburbana en el sector sur, que descansa sobre unas imponentes estructuras abovedadas para salvar el desnivel que hay entre las murallas y el mar. Esta área estaba ocupada por un conjunto de edificios públicos y religiosos, entre los que destacaban las termas suburbanas y dos templos, uno al lado del otro, que fueron consagrados respectivamente a Venus y a otras cuatro divinidades.
El templete o sacellum de los cuatro dioses tiene una sencilla estructura formada por una pronaos o vestíbulo con columnas corintias de mármol y una cella o capilla construida con opus sectile. Sabemos que la cubierta era de madera porque recientemente se encontró una parte de su estructura en la playa que se extiende a los pies de la ciudad; probablemente fue empujada hasta allí por la violencia de la erupción del Vesubio en el año 79 d. C. La dedicación del templete a Vulcano, Neptuno, Mercurio y Minerva es conocida gracias a la presencia de estos dioses en cuatro relieves que presidían el fondo de la cella. La colocación de las figuras de perfil y el estilo de estos relieves recuerda a la escultura del período arcaico griego pero en realidad son romanos, seguramente de la época del emperador Augusto (27 a. C. – 14 d. C.).
El primer relieve, situado en el extremo izquierdo, representa al dios del fuego y de la metalurgia, Vulcano (Hefestos en griego). Vulcano era hijo de Júpiter y Juno, quienes en un arrebato de ira lo arrojaron fuera del Olimpo cuando todavía era un bebé. No está claro si fue a consecuencia de esto o por un defecto de nacimiento, pero el dios mostraba una ostensible cojera, aparte de una extraordinaria fuerza bruta. Vulcano se casó con Venus, que le traicionó con Marte. Informado por Apolo, Vulcano tejió una red invisible sobre el lecho donde quedaron atrapados Venus y Marte. Entonces llamó al resto de los dioses para que fueran testigos del adulterio, lo que a la postre se convirtió en motivo de burla hacia los dos amantes. 
En el mundo grecorromano Vulcano era el herrero de los dioses, se creía que moraba en volcanes como el Vesubio, y solía representársele trabajando en una fragua. Está presente en muchos mitos importantes y así, por ejemplo, ayudó a Júpiter en la batalla contra los gigantes, forjó las armas de los héroes Aquiles y Eneas, encadenó a Prometeo en el Cáucaso y modeló a Pandora del barro. En este relieve de Herculano, Vulcano aparece representado con un largo martillo de herrero, de acuerdo a su iconografía habitual.
El segundo relieve representa a Neptuno (Poseidón en griego), dios del mar y de las tempestades. Los marineros griegos y romanos solían invocar su protección para asegurarse una navegación alejada de peligros. La mitología atribuye a este dios varias relaciones amorosas de las que surgen seres monstruosos como el cíclope Polifemo, aunque su esposa oficial es la nereida Anfítrite. Neptuno viaja por el océano en un carro con forma de concha, que es arrastrado por delfines y caballos de mar, mientras le acompaña un fastuoso cortejo de tritones y nereidas. 
Era una divinidad muy importante en el mundo romano, especialmente en las localidades costeras, como Herculano. En el mes de julio solían celebrarse Neptunalia, fiestas religiosas que incluían naumaquias, carreras hípicas y otras pruebas deportivas. Esta devoción se explica por su intervención en la guerra de Troya, a favor de los aqueos, y la protección que dispensó posteriormente al héroe Eneas cuando escapó de aquella ciudad. Neptuno hizo cesar la tempestad que había provocado Juno, y Eneas pudo así culminar su huida, que le llevaría hasta las tierras de los latinos, en Italia, donde surgiría la ciudad de Roma como una nueva Troya. En el relieve que vemos aquí, Neptuno aparece con su atributo más característico, el tridente, que es una especie de báculo terminado en tres puntas para ser utilizado al mismo tiempo como lanza, como cayado y como bastón de mando, en referencia a su dominio sobre los mares.
A continuación aparece Minerva (Atenea en griego), diosa de la sabiduría, de la razón y de la guerra. Ayudada por Vulcano, nació completamente vestida y armada de la cabeza de Júpiter. Su papel en la mitología grecorromana es absolutamente asexuado, por lo que es el paradigma de la virtud y no interviene en asuntos de amor. Por el contrario, es protectora de las ciencias, de las artes, de las actividades textiles y de la guerra emprendida por causas justas, a diferencia de la guerra brutal y violenta que promueve Marte. Entre los episodios más conocidos en los que participó está el castigo infligido a Aracne por haberse atrevido a desafiarla en el arte de tejer. Además fue especialmente dadivosa con algunos héroes como Ulises, a quien protegió en su camino de regreso a Ítaca, y Perseo, a quien ayudó a vencer a Medusa. Como contrapartida, Perseo regaló a Minerva la cabeza de la Gorgona, que a partir de entonces exhibió en su escudo. Sus principales atributos iconográficos son una lanza y un yelmo, como se ven en el relieve del sacellum de Herculano, aunque también suele acompañarse de una égida o escudo decorado con la cabeza de Medusa.
Finalmente, en el extremo derecho aparece Mercurio (Hermes en griego), el mensajero de los dioses y protector del comercio. Mercurio era hijo de Júpiter y Maya, y de inmediato se distinguió por su destreza y sagacidad. Apenas nacido, robó los bueyes de Admeto y le construyó a Apolo una lira con la concha de una tortuga. En la mitología grecolatina tiene un notable protagonismo como mensajero o conductor: lleva a Juno, Minerva y Venus ante el Juicio de Paris; libera a la doncella Ío del gigante Argos; rescata a Perséfone del inframundo para devolverla a Juno; y conduce a Pandora a la tierra. Por su razonamiento y su elocuencia ejerce también el rol de educador del Amor. 
Se le representa normalmente como un joven atlético vestido con unas sandalias aladas, que le permiten desplazarse a gran velocidad; así aparece en el relieve de Herculano que reproducimos aquí. A veces lleva también un gorro alado llamado petaso. Pero su atributo más característico es una especie de bastón con dos serpientes enroscadas, que se denomina caduceo y tiene el poder de inducir al sueño.
Iconológicamente, las cuatro divinidades mencionadas están relacionadas con actividades productivas como el comercio y la artesanía, pero también con los elementos geográficos más significativos de la localidad, como son el mar y el volcán. Herculano fue un importante centro económico y cultural, sobre todo a partir del año 89 a. C., cuando fue conquistada por Sila y adquirió el rango de municipium romano. Su proximidad al mar y a otras ciudades importantes como Pompeya y Estabia permitió su desarrollo, que alcanzó unas veinte hectáreas de superficie y aproximadamente unos 4000 habitantes. Es lógico pensar que, al levantar este templo, el municipio de Herculano quiso reconocer la influencia benefactora de aquellos dioses, así como procurarse nuevos favores que garantizasen su futura prosperidad.