Este blog pretende ser un recurso didáctico para estudiantes universitarios, pero también un punto de encuentro para todas aquellas personas interesadas por la Historia del Arte. El arte es un testimonio excepcional del proceso de la civilización humana, y puede apreciarse no sólo por sus cualidades estéticas sino por su función como documento histórico. Aquí se analiza una cuidada selección de obras de pintura, escultura y otras formas de expresión artística, siguiendo en ciertos aspectos el método iconográfico, que describe los elementos formales, identifica los temas que representan e interpreta su significado en relación a su contexto histórico y sociocultural.

miércoles, 19 de febrero de 2014

LA ESTATUA DE ZEUS EN OLIMPIA

Este grabado de Fisher Von Erlach es una recreación de la estatua del dios Zeus, realizada por Fidias para el santuario griego de Olimpia. Von Erlach fue un renombrado arquitecto austriaco, formado con Bernini en Italia, que influyó notablemente en los gustos artísticos del Imperio Habsburgo a través de su propia obra y del Plan de Arquitectura Histórica y Civil (1721), uno de los primeros tratados de historia comparada de la arquitectura. Este libro pretendía mostrar, mediante ilustraciones y comentarios, las más importantes construcciones de la Antigüedad. La influencia de los principios estéticos clasicistas es bien patente, hasta el punto de que el propio Von Erlach fue abandonando su barroquismo inicial, para evolucionar hacia un estilo más palladiano en la última etapa de su carrera.
La imagen que reproducimos aquí está tomada de aquel tratado y es un buen ejemplo de esa influencia clasicista. El centro de la composición está ocupado por una recreación más o menos fidedigna de la escultura griega de Zeus, pero el marco arquitectónico sostenido por columnas corintias y abovedado con casetones es más característico de la arquitectura romana. Esta mezcla de lo griego y lo romano se continúa en los edificios representados en el paisaje del fondo. A pesar de su inexactitud, supone un esfuerzo temprano e interesante por recuperar la visión de una de las siete maravillas del mundo antiguo.
La escultura de Zeus en Olimpia fue realizada en marfil y oro por Fidias en el año 436 a. C. Era de tamaño colosal, pues medía doce metros de altura y ocupaba todo el espacio central del templo consagrado a este dios en la ciudad de Olimpia. Lamentablemente, el templo de Zeus fue incendiado en el siglo V d.C. y la estatua desapareció, en el propio incendio según unas fuentes, con posterioridad según otras, o en Constantinopla, adonde había sido trasladada, según las explicaciones más aventuradas. En cualquier caso, las excavaciones arqueológicas practicadas en Olimpia no han logrado encontrar ningún rastro del famoso monumento de Fidias. Antes de aquello, en el siglo II d.C., el historiador griego Pausanias hizo una minuciosa descripción de la estatua en su obra Periégesis, V, que cito a continuación para ser comparada con la imagen de Von Erlach.


«Zeus está sentado en un trono de oro y marfil. Sobre la cabeza lleva una corona hecha a semejanza de ramas de olivo. En la mano derecha sostiene una Victoria también de marfil y de oro, con una cinta y una corona. En la izquierda sostiene un cetro adornado con toda clase de metales, rematado por un águila. Las sandalias y el manto del dios también son de oro. El manto está grabado con figuras de animales y flores de lirio.
El trono está adornado con oro y piedras preciosas, ébano y marfil, y en él aparecen representadas formas de animales y otras imágenes. En cada una de las patas del trono se representan cuatro Victorias bailando, y otras dos aparecen en la base de cada pata. En las anteriores se encuentran unos muchachos tebanos raptados por esfinges, y debajo de las esfinges Apolo y Artemisa matan con flechas a los hijos de Níobe. Entre las patas del trono hay cuatro travesaños que unen una pata con otra; la que está frente a la entrada lleva siete imágenes, la octava no se sabe cómo ha desaparecido. La representación debería ser la de las antiguas competiciones, porque en tiempos de Fidias todavía no se habían instituido las competiciones de muchachos. Dicen que el muchacho que se ciñe la cabeza con una cinta es Pantarces, un joven de Elis de quien se dice que fue amante de Fidias, y Pantarces venció en la lucha entre jóvenes en la octogésima sexta Olimpíada. En los otros travesaños aparecen en fila quienes combatieron con Hércules contra las amazonas. El número de figuras en las dos caras es de veintinueve, y entre los compañeros de Hércules se alinea también Teseo.
En la parte superior del trono puso Fidias, sobre la cabeza de la estatua, por un lado las tres Gracias y, por el otro, las tres Estaciones. Estas últimas se mencionan en la épica como hijas de Zeus, y Homero en la Ilíada, V, 749, habla de ellas diciendo que, como guardianas de una corte real, les está confiado el cielo.
El escabel a los pies de Zeus, que en Atenas se llama thranion, lleva leones de oro y en él está grabada en relieve la lucha de Teseo contra las Amazonas, el primer acto de valor de los atenienses contra los extranjeros. En el pedestal que sostiene el trono y a Zeus con todos sus ornamentos aparecen el Sol sobre su carruaje, Zeus y Hera, y luego Hefesto y a su lado la Gracia, todos de oro. Siguen Hermes y Hestia, y después de Hestia aparece Eros que acoge a Afrodita saliendo del mar, y Afrodita es coronada por Persuasión. Siguen los relieves de Apolo con Artemisa y Atenea, y también Hércules; finalmente, en el extremo del pedestal, aparecen Anfítrite y Poseidón, así como la Luna cabalgando al parecer sobre un caballo. Algunos han dicho que la diosa cabalga sobre un mulo, y cuentan una necia historia acerca de este.
Sé que la altura y anchura del Zeus de Olimpia han sido medidas y transcritas, pero no alabaré a sus medidores, porque las medidas que refieren son muy inferiores a la impresión que produce la visión de la estatua. Es más, según cuenta la leyenda, el propio Zeus le habría confirmado a Fidias la maestría de su obra. Cuando la estatua estuvo terminada, Fidias rogó al dios que manifestara con un signo si la obra era de su agrado; y se cuenta que cayó súbitamente un rayo en el punto del pavimento que hasta mi época estaba cubierto por un ánfora. Todo el pavimento delante de la estatua estaba compuesto de losas no blancas, sino negras.»