Este blog pretende ser un recurso didáctico para estudiantes universitarios, pero también un punto de encuentro para todas aquellas personas interesadas por la Historia del Arte. El arte es un testimonio excepcional del proceso de la civilización humana, y puede apreciarse no sólo por sus cualidades estéticas sino por su función como documento histórico. Aquí se analiza una cuidada selección de obras de pintura, escultura y otras formas de expresión artística, siguiendo en ciertos aspectos el método iconográfico, que describe los elementos formales, identifica los temas que representan e interpreta su significado en relación a su contexto histórico y sociocultural.

martes, 24 de febrero de 2015

EL LIENZO DE TLAXCALA

El llamado Lienzo de Tlaxcala es una tela de algodón de 5 m de largo por 2 m de ancho, que fue pintada a la aguada por un artista tlaxcalteca desconocido, alrededor del año 1552. Fue encargado por las autoridades coloniales españolas durante el gobierno del virrey de la Nueva España, Luis de Velasco, con el objetivo de representar sumariamente la conquista de México y dar muestras de su fidelidad a la monarquía hispánica. Precisamente Tlaxcala había sido una de las mayores aliadas de Hernán Cortés y participó en el asedio de la capital azteca, Tenochtitlán; por esta razón recibió el título de «Leal Ciudad» en 1535.

En su momento se hicieron tres copias de la obra: una se envió a España, a la corte de Carlos I, otra a México capital, y una tercera permaneció en Tlaxcala. Todas ellas se perdieron y hoy sólo se conservan copias posteriores, siendo la más importante la realizada por Alfredo Chavero en 1892. Por cierto, que una reproducción de esta última puede admirarse durante estos meses en la excelente exposición Itinerario de Hernán Cortés, en el Centro de Exposiciones Arte Canal de Madrid. 
El lienzo narra de forma secuenciada diversos episodios de la conquista de México, siguiendo el esquema de una historieta o cómic. Estilísticamente, mezcla aspectos de la tradición precolombina y el arte occidental. Ejemplo de ello es la escena superior, que representa la llegada en procesión de cuatro grupos de nobles tlaxcaltecas para unirse a los españoles. La mirada de todos los personajes se dirige al centro de la composición, donde se sitúa el escudo imperial de Carlos I, símbolo de la dominación política española, y una gran cruz cargada de elementos iconográficos cristianos, en referencia a la evangelización de aquellas tierras. La representación de los nobles tlaxcaltecas, con sus vestimentas indígenas y sus penachos de plumas, sigue la tradición artística precolombina, que contrasta con la imagen de los castellanos, sentados en sillas de madera y vestidos de negro. Las figuras, en todo caso, siguen un perfil prácticamente idéntico y repiten un mismo patrón de poses y gestos, de tal forma que apenas se diferencian por los colores, los tocados y ciertos detalles.

Bajo esta escena principal se desarrolla la historieta sobre la conquista de los aztecas, que se lee cronológicamente de izquierda a derecha y de arriba abajo. El lenguaje visual es directo y sencillo, los sucesos son fácilmente identificables, así como los personajes protagonistas (sobre todo Hernán Cortés y la intérprete Doña Marina), y en todas las escenas se incluyen letreros con topónimos y alusiones que ayudan a la comprensión. La composición es bastante rígida, sobre todo en el tercio inferior. Se basa en una rejilla formada por 87 cuadros o viñetas ortogonales, dispuestas en filas y columnas de la misma medida. Los primeros 48 cuadros relatan los episodios centrales de la conquista, que se inicia con la llegada a Tlaxcala de los emisarios de Cortés, seguido del recibimiento de las tropas castellanas, la conversión al cristianismo de varios indígenas y el acuerdo de alianza con los tlaxcaltecas; continúa la Matanza de Cholula, la entrada en Tenochtitlán, la entrevista con Moctezuma y la huída en la «Noche Triste»; por último, la reorganización de las tropas en Tlaxcala, el asalto a Tenochtitlán y la derrota del emperador Cuauhtémoc, gracias a la alianza con los tlaxcaltecas. Los siguientes 49 cuadros muestran la participación tlaxcalteca en la conquista de otros territorios de México (Pánuco, Occidente, Sinaloa) y de Guatemala.
La estricta regularidad de la composición solo se rompe con tres escenas de formato apaisado, situadas en la zona media. La primera está en la tercera fila y ocupa el largo de tres viñetas estándar para mostrar la marcha de las tropas españolas secundadas por los totonacas. Las otras dos se localizan en la quinta fila, de forma simétrica a ambos lados del eje central, y ocupan el largo de dos viñetas. La de la izquierda refiere el homenaje de varios caciques a Cortés, a quien está traduciendo la Malinche mientras le ofrecen numerosos presentes; la de la derecha representa la expedición de Cortés por los caminos de Chalchicueyecan, con un nivel de detallismo que permite distinguir cómo varios grupos de indígenas transportan grandes fardos, otros perecen ahogados en un río y alguno es severamente castigado por el capitán español.
En resumen, el Lienzo de Tlaxcala es una obra de extraordinario valor documental para conocer el desarrollo de la conquista de México. La razón de esto no estriba únicamente en la minuciosidad con que se describen cada uno de los sucesos, sino en que estos están contados desde el punto de vista de los indígenas tlaxcaltecas. Ello constituye una fuente de información de gran interés, que complementa los datos ofrecidos por otras fuentes como la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo, las Cartas de relación escritas por el propio Hernán Cortés, y Historia general de las Indias de Francisco López de Gómara. Por otra parte, el lienzo constituye un claro antecedente del cómic actual, que algunos autores han denominado acertadamente «arte secuencial».

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