Este blog pretende ser un recurso didáctico para estudiantes universitarios, pero también un punto de encuentro para todas aquellas personas interesadas por la Historia del Arte. El arte es un testimonio excepcional del proceso de la civilización humana, y puede apreciarse no sólo por sus cualidades estéticas sino por su función como documento histórico. Aquí se analiza una cuidada selección de obras de pintura, escultura y otras formas de expresión artística, siguiendo en ciertos aspectos el método iconográfico, que describe los elementos formales, identifica los temas que representan e interpreta su significado en relación a su contexto histórico y sociocultural.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

SAN JOSÉ Y EL NIÑO JESÚS

Por las fechas navideñas en las que nos encontramos, me ha parecido oportuno traer a colación esta hermosa pintura de Guido Reni que se conserva en el Museum of Fine Arts de Houston. Se trata de un cuadro devocional de 88 x 72 cm, realizado con oleo sobre lienzo poco antes de 1640. Representa a San José sosteniendo en sus brazos al Niño Jesús, que juega con una manzana mientras le mira amorosamente. El gesto del anciano está lleno de inmensa ternura y expresa de forma maravillosa no sólo su amor paterno-filial sino también una clara actitud de adoración por el Niño Dios.
Guido Reni fue un pintor barroco nacido en Bolonia y formado primero con Denis Calvaert y luego en la prestigiosa academia de los Carracci. Su obra se reparte entre Roma, Nápoles y Bolonia, y abarca tanto pinturas de caballete como grandes frescos, principalmente de carácter religioso. Este cuadro sintetiza lo mejor del claroscuro manierista y del naturalismo barroco coexistentes en el ambiente artístico italiano de la primera mitad del siglo XVII. El fondo neutro y oscuro, permite diferenciar con claridad cada una de estas fuentes de inspiración.
Las figuras se destacan fuertemente iluminadas por una diagonal procedente de la esquina superior izquierda. El haz de luz provoca fuertes contrastes en los ropajes, que aparecen dinamizados por efectos de sombras muy caravaggiescos. La utilización de brillantes colores púrpura, blanco y anaranjado, organizados mediante un dibujo claro y preciso, provienen en cambio de la estética de los Carracci. El tratamiento hiperrealista de las arrugas del rostro y de las canas del cabello y la barba de José entroncan con José de Ribera. Y finalmente, el Niño muestra un aspecto rollizo, intensificado por encarnaciones en las piernas y hoyuelos en las ingles y los brazos, lo que le confiere una dimensión más humana que divina, algo característico de la estética barroca.
El tema de San José con el Niño fue especialmente desarrollado durante la Contrarreforma Católica, debido a la difusión de un nuevo modelo de espiritualidad más humanizada, por parte de figuras como Santa Teresa de Ávila, San Juan de la Cruz y San Ignacio de Loyola. Al contrario que en el Protestantismo, la Iglesia Católica valoró las obras de arte como vehículos adecuados para el conocimiento de la Historia Sagrada y para la devoción religiosa. La intercesión de los santos fue uno de los dogmas de fe reafirmados en el Concilio de Trento, así que imágenes como la de Guido Reni fueron muy demandadas para su colocación en capillas y oratorios, tanto públicos como privados.
De acuerdo con los Evangelios de Mateo y Lucas, y sobre todo a raíz de la descripción que dan de él los documentos apócrifos, al padre de Jesús se le solía representar como un hombre sabio y justo, que trabajaba de carpintero y ayudaba en la educación y custodia del Niño Jesús. Para resaltar esta responsabilidad, y también para expresar la paternidad divina de Cristo, San José es frecuentemente retratado como un anciano, o al menos, mucho mayor que la Virgen María. También aparece experimentando visiones durante el sueño, en las que es  advertido por los ángeles del Señor, como cuando le exigen que no repudie a María por hallarse embarazada, o cuando le avisan del peligro que se cierne sobre el recién nacido y le aconsejan huir a Egipto para escapar de la persecución de Herodes. Entre sus atributos más característicos se encuentra una vara de madera seca de la que salen flores; se basa en una tradición popular que decía que por causa de este milagro fue elegido por Dios como esposo de María.
En el cuadro de Guido Reni el detalle iconográfico más interesante es el de la manzana que Jesús sostiene junto a la barba del anciano. Es el fruto del árbol del Jardín del Edén, que fue tomado sin permiso por Adán y Eva, lo que provocó su caída. La presencia de este símbolo entre las manos del Niño hace referencia a su misión redentora; Él ha venido al mundo para perdonar a los hombres del pecado original e iniciar una nueva era de salvación. Y esto es, en esencia, lo que los cristianos celebran en Navidad, la llegada o el nacimiento del Salvador.

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