Este blog pretende ser un recurso didáctico para estudiantes universitarios, pero también un punto de encuentro para todas aquellas personas interesadas por la Historia del Arte. El arte es un testimonio excepcional del proceso de la civilización humana, y puede apreciarse no sólo por sus cualidades estéticas sino por su función como documento histórico. Aquí se analiza una cuidada selección de obras de pintura, escultura y otras formas de expresión artística, siguiendo en ciertos aspectos el método iconográfico, que describe los elementos formales, identifica los temas que representan e interpreta su significado en relación a su contexto histórico y sociocultural.

miércoles, 27 de enero de 2016

SAN VICENTE, SAN CRISTÓBAL Y SAN LORENZO

Esta fotografía muestra un detalle de una espectacular vidriera, que decora uno de los vanos laterales de la Catedral de York. La región de Yorkshire es reconocida por la extraordinaria calidad artística de sus cristaleras medievales, muy superiores a las de otras áreas de Gran Bretaña. Los primeros vitrales de colores que se instalaron allí, provenientes de Alemania y de Francia, datan de los siglos XII y XIII. Con posterioridad, esta práctica artística fue perpetuada hasta la Época Victoriana, en la que experimentó un renovado desarrollo. Las vidrieras de la Catedral de York constituyen uno de los mayores orgullos del patrimonio nacional de Inglaterra, razón por la cual fueron cuidadosamente desmontadas durante las dos guerras mundiales, y posteriormente vueltas a ensamblar, con el fin de evitar su destrucción. En la actualidad, están sometidas a un riguroso proceso de monitorización y restauración constantes, que garantiza su conservación.


El ejemplo que reproducimos aquí es característico de la Escuela Inglesa del siglo XIV. Los cristales son de forma y tamaño irregular, aunque en el montaje se pretende cierta simetría, como puede apreciarse en la manera en que están emplomados, siguiendo líneas mayoritariamente horizontales, y en la concordancia de las piezas que forman los dibujos arquitectónicos alrededor de las figuras. En cuanto a la policromía, viene dada por el color que traen los cristales directamente desde el horno, pero también existen añadidos pintados con posterioridad, que se explayan en elementos más decorativos y enriquecen notablemente el acabado final. Así puede observarse en el fondo azul de la escena central, en algunos puntos de la vestimenta de los dos personajes laterales y en el festón amarillo de los remates. Por lo demás, se trata de una composición insistentemente regular, que repite el motivo de un personaje en el interior de una hornacina coronada por un gablete gótico, en cuyo centro se abre un tetralóbulo.
Los personajes están tocados por un nimbo o aureola y representan a tres santos de la Iglesia Católica, a saber, San Vicente, San Cristóbal y San Lorenzo. Es frecuente que el primero y el último se pongan juntos en un mismo programa iconográfico, porque comparten dignidad como diáconos y mártires que fueron en la época de las persecuciones romanas contra los primeros cristianos. El tercero que faltaría para formar triunvirato, de acuerdo con ese programa iconográfico, sería San Esteban pero, curiosamente, en la vidriera ha sido sustituido sin demasiada lógica por San Cristóbal y el Niño Jesús. En cualquier caso, es posible identificar cada figura por sus atributos característicos.
El primero por la izquierda es San Vicente Mártir, vestido con una dalmática de diácono sobrepuesta a un hábito clerical, que apenas asoma por los pies. En realidad ésta es la única pista que tenemos sobre su identidad, pues no viene acompañado de ningún otro elemento iconográfico que lo singularice. En otras representaciones se le añaden símbolos como la palma del martirio, una rueda de molino, un cuervo o una cruz en forma de aspa, todos alusivos a su agonía y muerte. Vicente fue un joven patricio nacido en Huesca, que entró al servicio del obispo de Zaragoza, San Valero. Como el obispo era tartamudo, le nombró diácono y le confió la responsabilidad de la predicación, razón por la cual fue torturado por el prefecto Daciano en Valencia, en el año 303, en el contexto de las persecuciones ordenadas por los emperadores Diocleciano y Maximiano.
La figura central corresponde, como decíamos, a San Cristóbal. Sigue su iconografía habitual de hombre corpulento y barbado, que camina entre las aguas apoyándose en un bastón, mientras carga con el Niño Jesús sobre sus hombros. Cristóbal era un gigante cananeo, de nombre Réprobo, que se dedicaba a transportar a los pobres y necesitados de una orilla a otra de un río. Debido a su enorme estatura, no tenía problemas en vadear el río sin mojarse la ropa y así pasaba sanos y salvos a todos aquellos que solicitaban sus servicios. Un buen día, un niño pequeño le pidió que le llevara pero durante el trayecto se fue haciendo tan pesado que al gigante le parecía estar cargando con el mundo entero. Entonces se volvió a mirarle y el niño se reveló como Jesucristo. El bastón germinó milagrosamente y desde ese momento el gigante se convirtió al cristianismo, pasando a llamarse Cristóbal o Cristóforo, es decir, «portador de Cristo». La imagen de San Cristóbal está presente en la mayoría de las catedrales e iglesias de peregrinación, como protector de los viajeros y transportistas, y por eso seguramente se le ha incluido en la vidriera de York.
Por último, en el extremo izquierdo está la figura de San Lorenzo, vestido con una dalmática y sosteniendo en las manos su símbolo más característico, una parrilla que hace referencia a su martirio. De origen español, fue llamado a Roma para ser uno de los siete diáconos del Papa Sixto II. Entre sus funciones estaba la de atender a los pobres y por eso se enfrentó al prefecto Cornelio Secolare, que pretendía apropiarse de los bienes de la Iglesia. Lorenzo se presentó ante el prefecto acompañado de los pobres, a los que definió como el «tesoro de la Iglesia», y exigió que aquellas riquezas se repartieran entre los más necesitados. Por esta causa fue arrestado y martirizado sobre una parrilla ardiente; según una tradición recogida en la Leyenda Dorada, en mitad del tormento se dirigió al emperador Valeriano para decirle: «De este lado ya estoy asado; dame la vuelta y cómeme».

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