Este blog pretende ser un recurso didáctico para estudiantes universitarios, pero también un punto de encuentro para todas aquellas personas interesadas por la Historia del Arte. El arte es un testimonio excepcional del proceso de la civilización humana, y puede apreciarse no sólo por sus cualidades estéticas sino por su función como documento histórico. Aquí se analiza una cuidada selección de obras de pintura, escultura y otras formas de expresión artística, siguiendo en ciertos aspectos el método iconográfico, que describe los elementos formales, identifica los temas que representan e interpreta su significado en relación a su contexto histórico y sociocultural.

jueves, 28 de julio de 2016

SAN JERÓNIMO


La imagen que publicamos hoy es un detalle lateral de la fachada oeste de la Basílica de Santa María la Mayor, en Pontevedra. Es obra de los maestros Cornielis de Holanda y Juan Noble, quienes diseñaron toda la fachada por encargo del Gremio de Mareantes, que es la asociación de trabajadores de la mar más antigua de España. Datada en 1541, la construcción es de estilo renacentista con algunas influencias del Gótico Manuelino portugués, y está profusamente decorada con molduras, columnas, relieves y esculturas. Una de las figuras más populares de este monumento es esta escultura casi exenta de San Jerónimo, que forma pareja con la de San Gregorio Magno, situada al otro lado de la portada principal. La razón de que ambos estén conectados, desde el punto de vista compositivo e iconográfico, es porque fueron dos de los cuatro Doctores de la Iglesia Romana.
San Jerónimo de Estridón nació hacia el 340 en la región de Dalmacia, en la actual Croacia. De familia noble y letrada, estudió latín y griego en Roma con el gramático Elio Donato, y después en la Galia y en Tréveris, donde transcribió numerosos libros para su biblioteca. Arrepentido de los pecados de una vida disoluta, entre los años 353 y 358 vivió como un anacoreta penitente en el desierto, sin ningún contacto con el resto del mundo. Su virtud llegó a oídas del Papa Dámaso I, que le nombró su secretario particular y le encargó la traducción de las Sagradas Escrituras del griego y el hebreo al latín de uso común. Aunque fue ordenado sacerdote, la incomprensión y las envidias de la curia romana le llevaron a retirarse a un monasterio cerca de Belén, donde siguió trabajando en sus libros hasta que murió en el año 420. La traducción vulgata de la Biblia, escrita por San Jerónimo entre el 382 y el 405, se convirtió en una referencia fundamental para el mundo cristiano medieval, y se mantuvo sin variaciones hasta la implementación de los modernos análisis exegéticos del Humanismo renacentista. Por todo ello es considerado Padre de la Iglesia, uno de los eruditos más importantes de la Antigüedad, y el santo patrón de los traductores, bibliotecarios e intelectuales.
La escultura de San Jerónimo que se exhibe en la basílica de Pontevedra muestra los atributos característicos que le identifican, de acuerdo con su biografía y con algunos elementos añadidos por la literatura hagiográfica posterior. Va vestido de cardenal de la iglesia con un capelo o sombrero de ala ancha, que en realidad es fruto de una errónea interpretación medieval que supuso a Jerónimo esta dignidad por ser sacerdote y secretario del Papa, cuando en realidad sólo era sacerdote. Está sentado en un sillón y leyendo un libro apoyado en un atril, que hace referencia a su labor como erudito y traductor de la Biblia. El detalle de las lentes sobre los ojos para facilitarle la visión es seguramente lo más original y entrañable de la figura. Arriba a la izquierda se distingue una calavera y un crucifijo, que aluden a su penitencia en el desierto. La calavera invita a la reflexión sobre la muerte y sobre la vanidad de las cosas, lo que en último término conduce a la virtud, mientras que el crucifijo es un símbolo habitual entre los ascetas porque hace rememorar la Pasión de Cristo.
Por último, el león que se encarama a sus pies, se explica por un pasaje de la Leyenda Dorada, una colección de vidas de santos publicada en el siglo XIII, que recogió muchas historias apócrifas, milagros y anécdotas que la devoción popular creía a pies juntillas aunque, para ser sinceros, la mayoría eran pura ficción. Según estas historias, cuando Jerónimo estaba de retiro en Belén curó a un león que tenía una pata herida por una espina. A partir de ese momento, el león nunca se separó del santo, le ayudó y le protegió de cualquier amenaza. Para la mentalidad providencialista de la Edad Media, esta leyenda se convirtió en una metáfora de la fuerza bruta vencida por la piedad cristiana.

No hay comentarios:

Publicar un comentario