Este blog pretende ser un recurso didáctico para estudiantes universitarios, pero también un punto de encuentro para todas aquellas personas interesadas por la Historia del Arte. El arte es un testimonio excepcional del proceso de la civilización humana, y puede apreciarse no sólo por sus cualidades estéticas sino por su función como documento histórico. Aquí se analiza una cuidada selección de obras de pintura, escultura y otras formas de expresión artística, siguiendo en ciertos aspectos el método iconográfico, que describe los elementos formales, identifica los temas que representan e interpreta su significado en relación a su contexto histórico y sociocultural.

jueves, 4 de agosto de 2016

EL AURIGA DE DELFOS

Se trata de una escultura en bronce de 180 cm de altura, que representa a un corredor de un carro de caballos, y que fue encontrado en el antiguo santuario griego de Delfos, en el transcurso de unas excavaciones practicadas en 1896. Las referencias históricas, y la contextualización arqueológica del hallazgo, permitieron identificar al personaje con Polyzelos de Gela y datar la obra en torno al 474 a. C. Resulta que aquel año, este tirano de Sicilia venció en la carrera de cuadrigas de los Juegos Píticos, que se celebraban precisamente en Delfos.
De acuerdo con el mito, los Juegos Píticos habían sido fundados por el dios Apolo como un concurso poético, musical y atlético para apaciguar a la serpiente Pitón. Personas de todo el mundo griego competían cada cuatro años para lograr la victoria y obtener como premio una corona de laurel. El Auriga de Delfos, por tanto, tiene un carácter conmemorativo de la hazaña que supuso para Polyzelos vencer a otros hombres en los juegos, y también es un monumento para la exaltación política personal, pero a la vez constituye un exvoto u ofrenda a Apolo en señal de agradecimiento. En cuanto a su autoría, se ha pensado en un artista de la Magna Grecia (Sur de Italia y Sicilia), sugiriéndose el nombre de Pithagoras de Reggio.
Los fragmentos de otras piezas encontradas junto a la figura principal han llevado a concluir que el auriga formaba parte de un grupo más amplio, del que sólo perviven algunas patas de un total de cuatro o seis caballos y un mozo de cuadra que estaría colocado delante ellos. La adecuada puesta en escena que el Museo Arqueológico de Delfos ha realizado del conjunto ayuda a su correcta interpretación, que en ocasiones ha sido imprecisa porque se ha mirado la escultura como si fuera una obra totalmente exenta. Las reproducciones parciales publicadas en enciclopedias y libros de texto han contribuido a forjar esta imagen distorsionada y alejada de la realidad histórico-artística. La fotografía que incluimos al final de esta entrada pretende explicar mejor la obra en relación al conjunto.
Formalmente, el auriga está fundido en varias piezas separadas que luego fueron soldadas para formar el conjunto, tal y como era habitual en los grupos que incluían varias figuras. Viste una túnica larga que tiene un carácter más ceremonial que deportivo, lo que se justifica por el trasfondo religioso de los Juegos Píticos. Los pliegues que marcan verticalmente la túnica, y los que ondean suavemente sobre el cinturón, son seguramente lo mejor de la capacidad escultórica del artista. Pero lo más interesante es el rostro, perfectamente modelado y animado por la incorporación de otros materiales que le confieren mayor riqueza cromática: los ojos están coloreados con incrustaciones pétreas de color, la diadema conserva restos de plata y los labios están perfilados con cobre. Su expresión denota la tensión típica del arte griego entre el ethos (el valor moral) y el pathos (la emoción). Refleja una gran concentración, como preparándose para la carrera de cuádrigas que está a punto de comenzar, pero el gesto es contenido, no tiene ningún rictus; muestra al ser humano impasible ante su destino.
La escultura es de gran importancia por ser un excepcional testimonio de la transición estilística entre el periodo arcaico y el clásico, y además porque es una de las escasas obras originales en bronce que se conservan del mundo heleno. Por estas razones comparte protagonismo en la Historia del Arte griego con la figura de Poseidón procedente del cabo Artemisión. La actitud serena y la postura un tanto rígida son características del período arcaico, pero el tratamiento de los pliegues, la posición oblicua de los pies, la mínima torsión lateral del cuerpo y el brazo que sujeta las riendas de los caballos, anuncian el naturalismo clásico. Del rostro ha desaparecido la sonrisa típica del período arcaico, aunque desde luego la actitud corporal no es la de un auriga corriendo en un carro de caballos. Sin duda es una obra un tanto extraña, pero de gran interés.

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