Este blog pretende ser un recurso didáctico para estudiantes universitarios, pero también un punto de encuentro para todas aquellas personas interesadas por la Historia del Arte. El arte es un testimonio excepcional del proceso de la civilización humana, y puede apreciarse no sólo por sus cualidades estéticas sino por su función como documento histórico. Aquí se analiza una cuidada selección de obras de pintura, escultura y otras formas de expresión artística, siguiendo en ciertos aspectos el método iconográfico, que describe los elementos formales, identifica los temas que representan e interpreta su significado en relación a su contexto histórico y sociocultural.

lunes, 15 de agosto de 2016

LA VISIÓN DE SAN FRANCISCO

En uno de los altares laterales de la capilla del Hospital de Mujeres de Cádiz se conserva una obra de arte de singular rareza para la ciudad: un gran cuadro firmado por El Greco hacia 1601, que representa una visión mística de San Francisco de Asís. En verdad resulta extraño encontrar una pintura del artista cretense en estas latitudes, porque la mayor parte de sus obras se concentran en la zona de Madrid y Toledo, con la excepción de aquellas que por diversas razones fueron dispersadas y acabaron en algunos de los museos más importantes del mundo. No obstante, los documentos históricos nos proporcionan una adecuada explicación sobre este particular, que trataremos de resumir aquí.
Primeramente, debemos conocer los pormenores de la institución en la que encuentra el cuadro. El Hospital de Nuestra Señora del Carmen fue una fundación piadosa del año 1736, promovida por el obispo de Cádiz D. Lorenzo Armengual de la Mota, su hermana la Marquesa de Campo Alegre y el Canónigo Cayetano de Vera, quienes compraron el solar y encargaron la construcción al maestro mayor Pedro Luis Gutiérrez de San Martín. Este último fue el creador de un estupendo edificio barroco con una fachada ricamente decorada, dos patios interiores articulados por grandes arquerías de medio punto, una escalera imperial de seis tramos dobles y una capilla de planta de salón ornamentada con molduras de yeso y rocallas, además de numerosos retablos, pinturas y esculturas. El hospital fue oficialmente inaugurado en 1749 y proporcionó asistencia médica ininterrumpida a las mujeres pobres de Cádiz hasta que tuvo que clausurarse en 1963, por falta de medios. Desde entonces funciona como sede del obispado y alberga los servicios sociales de Caritas, pudiendo visitarse la capilla en horario turístico.
La existencia del cuadro de El Greco se debe indirectamente al ya mencionado obispo Armengual, que fue quien lo adquirió durante sus años vividos en la Corte de Madrid. Inicialmente lo conservó en su palacio de Chiclana de la Frontera, pero a su muerte pasó en herencia a su sobrino D. Bruno Verdugo, Marqués de Campo Alegre, quien lo donó a la capilla en 1747. Es el mayor tesoro del conjunto y una de las mejores obras de Doménikos Theotokópoulos, recientemente revalorizada por su inclusión en la exposición El Greco: Arte y Oficio (2014) y un análisis pormenorizado llevado a cabo por técnicos del Museo del Prado.
La imagen muestra a San Francisco vestido con el hábito de su orden y orando arrodillado, con la mirada dirigida al cielo. La luz proviene de la esquina superior derecha, donde unos rayos sobrenaturales se asoman entre las nubes e iluminan directamente el cuerpo del santo. A sus pies, otro fraile franciscano se cae de espaldas en un forzado escorzo; es el hermano León, que asiste a la escena extasiado mientras señala el haz de luz, dando fe del milagro. El tema representado es la denominada «Visión de la Antorcha», que le ocurrió a San Francisco en el Monte Alvernia, como paso previo a su estigmatización. Por eso el santo abre las palmas de las manos y enseña las llagas de la crucifixión de Cristo, como símbolo de su completa aceptación de la voluntad divina. Desde otra perspectiva, es Dios el que ha escogido con su luz a este hombre sencillo, retratado como un humilde siervo con el traje remendado por varios sitios y un basto cordón a modo de cinturón.
La composición es una de las más originales de El Greco, de cuyo taller salieron más de cien obras (unas veinticinco de su propia mano) dedicadas a San Francisco. La referencia al paisaje es mínima y las figuras se recortan sobre un fondo neutro, del que apenas se reconocen las ramas de un árbol en la esquina superior izquierda. Una diagonal conecta el foco de luz principal con la cabeza del santo y su brazo derecho, enfatizando la experiencia mística del personaje, manifestada mediante el artificio manierista de alargar su figura. Toda esta espiritualidad queda a su vez contrapesada por la muy humana caída de espaldas del hermano León. A nivel cromático, es absolutamente magistral la aplicación de una infinita cantidad de matices de la escala de grises, que generan fuertes contrastes de luces y sombras, anticipando el tenebrismo. Es realmente increíble la extraordinaria capacidad expresiva demostrada por el pintor con tan escasa variedad de colores. En otro orden de cosas, merece destacarse el realismo de ciertos detalles, como el papel del suelo con la firma de El Greco, el cordón franciscano, los pliegues del hábito o la mirada de San Francisco. En resumen, una obra maestra excepcional.

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