Este blog pretende ser un recurso didáctico para estudiantes universitarios, pero también un punto de encuentro para todas aquellas personas interesadas por la Historia del Arte. El arte es un testimonio excepcional del proceso de la civilización humana, y puede apreciarse no sólo por sus cualidades estéticas sino por su función como documento histórico. Aquí se analiza una cuidada selección de obras de pintura, escultura y otras formas de expresión artística, siguiendo en ciertos aspectos el método iconográfico, que describe los elementos formales, identifica los temas que representan e interpreta su significado en relación a su contexto histórico y sociocultural.

sábado, 15 de octubre de 2016

LOS TAPICES DE PALAS ATENEA Y LA PAZ

La catedral de Sigüenza conserva dos espléndidas series de tapices flamencos, de ocho ejemplares cada una, datados en la década de 1660. La primera representa la historia de Rómulo y Remo, mientras que la segunda tiene como tema central la consecución de la Paz mediante la intervención de la diosa Palas Atenea. Un excelente estudio de la profesora M. García Calvo sirvió para darlos a conocer e interpretarlos adecuadamente, y una reciente restauración ha puesto en valor la serie de Palas Atenea, que hoy puede admirarse en una de las salas del claustro de la catedral seguntina, con motivo de una magna exposición titulada Atempora.
Publicamos aquí dos tapices de esta última serie, realizados en 1664 en el taller de Jean Le Clerc, en Bruselas, a expensas del obispo Andrés Bravo de Salamanca. Los tapices eran piezas habituales en las casas nobles y en las grandes iglesias, desde la Edad Media hasta el Barroco pleno. Cumplían una función decorativa y de protección contra el frío, pero además constituían una elocuente expresión de poder no sólo por los motivos alegóricos que mostraban, sino porque se trataba de objetos extremadamente caros que había que importar del extranjero. Según García Calvo, estos tapices de la catedral de Sigüenza tienen una iconografía de naturaleza política, porque pretenden enseñar al dirigente la necesidad de acabar con la guerra, la celebración de la paz y el buen gobierno de la sociedad.

La primera imagen lleva una cartela en el encabezado que dice PRAEMIVM ARMORUM («La recompensa de las armas»). Representa en el centro, sedente, a Palas Atenea vestida como una matrona romana y tocada con un yelmo. Atenea es la diosa de la sabiduría, protectora de las ciencias y defensora de la guerra justa, lo que justifica su papel protagonista no sólo en esta escena sino en toda la serie. Por encima de ella sobrevuelan dos figuras alegóricas aladas, que pueden reconocerse por sus atributos, según el Tratado de Iconología de Ripa. La primera es la Fama, que toca unas trompetas para anunciar el fin de la guerra, y la segunda es la Victoria, que porta en sus manos una palma y una corona de laurel.
Atenea está recompensando de forma diferente a dos personajes masculinos situados a ambos lados. Al de la izquierda, que aparece rodeado por un grupo de soldados de aspecto amenazante, le otorga una esfera de vidrio, símbolo de la fragilidad de lo logrado mediante la guerra. Al de la derecha, que se inclina en actitud respetuosa, le entrega una corona de oro. El auténtico vencedor, por tanto, es el segundo personaje: suya es la corona de oro y a él también se dirige la corona de laurel que lleva la figura de la Victoria; además, es cariñosamente abrazado por otra mujer vestida de blanco, que es una alegoría de la Paz. El mensaje, en resumen, es el siguiente: la gloria obtenida mediante la victoria en la guerra es voluble y frágil si se mantiene una actitud beligerante; la gestión de una paz duradera es la mayor virtud a la que debe aspirar el buen gobernante.

El segundo tapiz que reproducimos aquí se titula GLORIA MVSARVM PACE EXCITATARVM («La gloria de las Musas estimuladas por la Paz») y hace referencia a las Musas, hijas de Júpiter y Mnemosina, que influían positivamente en la inspiración artística y las actividades intelectuales. A diferencia del resto de los tapices de la serie, esta escena no está inspirada en la Iconología de Cesare Ripa sino en las Metamorfosis de Ovidio. Según este texto, las nueve Musas estaban adormecidas en torno al dios Apolo hasta que la Paz llegó para despertarlas bajo la atenta mirada de Palas Atenea.
En efecto, por la derecha de la imagen aparece Palas Atenea, ataviada con un yelmo, una lanza y un escudo con la Gorgona, junto a la Paz, vestida de blanco y con una rama de olivo en la mano. La Paz despierta en primer lugar a Talía, la musa de la comedia, a la que se identifica por las máscaras de teatro depositadas a sus pies. Se encuentra a continuación Euterpe, que es la musa de la música, como prueba la flauta sobre la que se apoya dormida. En el extremo izquierdo, de espaldas, está la musa de la historia, Clío, que se acompaña de una trompeta y señala con un dedo la escena central, mientras con el otro indica un libro en el que habrá de registrarse lo que está sucediendo. Detrás suyo todavía descansa Terpsícore, musa de la danza, quien sostiene en silencio una lira. Arriba se distingue a Erato, musa de la poesía lírica, que toca un laúd, y a Calíope, musa de la poesía épica, a cuyos pies se encuentra una corona incrustada de joyas. Sigue después Apolo, dios protector de la música y las artes, identificado como un joven apuesto semidesnudo, que tañe una lira. Alrededor suyo pueden reconocerse a otras tres divinidades: Urania, musa de la astronomía, que lleva una esfera en la mano; Melpómene, musa de la tragedia, representada con el rostro triste; y Polimnia, musa de la lírica sagrada, que está recostada sobre un árbol en actitud meditabunda.
El significado de esta escena es que las artes sólo pueden florecer y desarrollarse en tiempos de paz, y que deben ser adecuadamente protegidas y promovidas por los gobernantes. Este mensaje está muy relacionado con el de otro tapiz de la serie, que representa cómo los ritos religiosos son también restaurados por medio de la paz. En general, el programa iconográfico de todo el conjunto enfatiza la idea de que el descanso de las armas y el gobierno justo propician la concordia, la abundancia, el progreso de las artes y las ciencias, y la prosperidad de toda la sociedad. Algo muy necesario no sólo en la época en que se confeccionaron estos maravillosos paños, sino también en los tiempos actuales.

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