Este blog pretende ser un recurso didáctico para estudiantes universitarios, pero también un punto de encuentro para todas aquellas personas interesadas por la Historia del Arte. El arte es un testimonio excepcional del proceso de la civilización humana, y puede apreciarse no sólo por sus cualidades estéticas sino por su función como documento histórico. Aquí se analiza una cuidada selección de obras de pintura, escultura y otras formas de expresión artística, siguiendo en ciertos aspectos el método iconográfico, que describe los elementos formales, identifica los temas que representan e interpreta su significado en relación a su contexto histórico y sociocultural.

miércoles, 14 de junio de 2017

LA BATALLA DE ALMANSA

Ricardo Balaca y Orejas-Canseco (1844-1880) fue un pintor situado entre medias de la generación plenamente romántica, liderada por Antonio María Esquivel, Leonardo Alenza, Federico de Madrazo o Jenaro Pérez Villaamil, entre otros, y los artistas de la segunda mitad del siglo XIX más inclinados al eclecticismo, que ensayaron nuevas formas de expresión y temáticas más variadas (paisajistas, costumbristas, realistas, historicistas, orientalistas, simbolistas, etc.). A pesar de su breve trayectoria, pues murió joven, varios historiadores coinciden en valorarle como el artista más destacado de su generación.
Estudió primero con su padre, también pintor, y después en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. La influencia de sus profesores, y en especial de Federico de Madrazo, se atisba en la calidad de su dibujo y en la preferencia por el género del retrato, que sobresale entre toda su producción por cantidad y por calidad. También cultivó otros géneros pictóricos como el costumbrismo, el paisaje y la pintura de batallas, en la cual llegó a ser un consumado especialista. Tenemos noticias documentales de su habilidad para los temas históricos desde que era muy joven, puesto que a los trece años ya empezó a participar en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes.


Esta obra es seguramente la más famosa y la que mejor ha caracterizado a Balaca como pintor de batallas. Representa La batalla de Almansa y pertenece al Museo del Prado, aunque se encuentra en depósito en el Congreso de los Diputados. Realizada en 1862, cuando Balaca tenía diecisiete años, fue premiada con Mención Ordinaria en la Exposición Nacional de Bellas Artes. Representa la importante contienda desarrollada el 25 de abril de 1707 en el transcurso de la Guerra de Sucesión Española. El resultado de aquella batalla cambió el curso de la guerra a favor del Duque de Anjou, quien sería a la postre aceptado como rey de España con el nombre de Felipe V, dando inicio al reinado de la dinastía Borbón.
Por consiguiente, se trata de una pintura emblemática por la importancia histórica del asunto representado, y eso se manifiesta en sus aspectos formales: la imagen es de gran formato (140 x 230 cm), la acción está narrada con gran detallismo y una cierta grandilocuencia, sobre todo en las figuras de los generales a caballo, a la izquierda, y el paisaje, por último, es espectacular, con la amplia llanura de Almansa desdibujada por el humo de los cañones y su castillo recortado al fondo. Lo más interesante, no obstante, acontece en el primer plano, donde un pequeño grupo de soldados transporta en volandas el cuerpo malherido de un compañero. El desasosiego se muestra de forma trágica en el semblante del militar que mira hacia nosotros, haciéndonos partícipes de su dolor, mientras su acompañante gira el rostro hacia el fragor de la lucha, resignado ante las nuevas bajas que están por llegar.
Compositivamente, la acción se ciñe a la mitad inferior del cuadro y se distribuye en tres áreas diferenciadas: a la izquierda se sitúan a caballo los oficiales del ejército franco-español, dirigidos por el Duque de Berwick, que da órdenes señalando el campo de batalla mientras un grupo de soldados se dirige hacia allí. En el paisaje central se desarrolla el grueso de las operaciones militares, secundadas por la carga de caballería del extremo de la derecha. Y en primer término se representa el episodio trágico que antes hemos comentado, insertado entre medias de varios cuerpos inertes, apilados en el suelo. El conjunto es abigarrado y la atmósfera difuminada acrecienta una sensación envolvente, de la que sólo es posible escapar levantando la vista hacia el cielo. Es interesante destacar que el dibujo es más preciso a la hora de representar los personajes de los primeros planos, mientras que en la parte superior del cuadro la pincelada es mucho más suelta.
En la Batalla de Almansa las tropas de Felipe de Anjou, bajo el mando del Duque Berwick, derrotaron a las del Archiduque Carlos de Austria, el otro pretendiente al trono español, al frente de las cuales estaba el Marqués de Rubigny y el Marqués das Minas. Hasta entonces, la guerra había discurrido de manera opuesta a la causa franco-española. Pero el candidato francés emprendió una importante reforma organizativa, estratégica y de armamento en el ejército borbónico, además de reclutar nuevos efectivos mediante levas de población, imponer un Real Donativo a la burguesía y a las ciudades para financiar la guerra, y promover una intensa campaña de propaganda que presentaba a los austracistas como herejes y enemigos de España. Todo ello facilitó la victoria de Almansa, que abrió el camino a la conquista del Reino de Valencia y permitió a los Borbones arrinconar a los austracistas hasta Cataluña y Baleares.
Una de las grandes consecuencias de esta batalla tuvo sin embargo un carácter político. Felipe V promulgó la abolición de los fueros y leyes particulares de los Reinos de Valencia y Aragón, una medida que puede entenderse como un castigo por haber apoyado al otro candidato al trono, pero que también obedecía al deseo de uniformidad legislativa de la política centralista de los Borbones. Así, el 29 de junio de 1707 Felipe V promulgó el primer Decreto de Nueva Planta mediante el cual declaraba «abolidos y derogados todos los referidos fueros, privilegios, práctica y costumbre hasta aquí observados en los referidos reinos de Aragón y Valencia, siendo mi voluntad que éstos se reduzcan a las leyes de Castilla, y al uso, práctica y forma de gobierno que se tiene y ha tenido en ella, y en sus tribunales sin diferencia alguna en nada».
De esta forma, los Borbones impusieron en toda España la autoridad omnímoda de una monarquía absoluta y daban pábulo al desarrollo de una serie de aspiraciones regionalistas, conducentes a tratar de recuperar la autonomía perdida. Estas aspiraciones se acrecentaron bajo la inspiración de los movimientos románticos del siglo XIX y la gestación de la idea de nación como entidad política y cultural; y así continúan hasta el día de hoy, en el que sigue sin resolverse lo que Ortega y Gasset llegó a denominar el «problema catalán».

MÁS INFORMACIÓN:
https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/la-batalla-de-almansa/0d187e1f-6ea4-42a2-a024-afcf88a65e5b