Este blog pretende ser un recurso didáctico para estudiantes universitarios, pero también un punto de encuentro para todas aquellas personas interesadas por la Historia del Arte. El arte es un testimonio excepcional del proceso de la civilización humana, y puede apreciarse no sólo por sus cualidades estéticas sino por su función como documento histórico. Aquí se analiza una cuidada selección de obras de pintura, escultura y otras formas de expresión artística, siguiendo en ciertos aspectos el método iconográfico, que describe los elementos formales, identifica los temas que representan e interpreta su significado en relación a su contexto histórico y sociocultural.

jueves, 22 de noviembre de 2018

LA DUQUESA FEA


Esta curiosa imagen de 62 x 45 cm fue pintada al óleo sobre una tabla de roble por el artista flamenco Quentin Massys, en torno a 1513. Su anterior propietaria, Jenny Louisa Roberta Blaker, la donó en 1947 a la National Gallery de Londres, donde se encuentra hoy. También titulado Una mujer vieja grotesca, el cuadro es un retrato de una anciana de aspecto simiesco, que los historiadores siempre han catalogado como una sátira sobre la fugacidad de la belleza, la juventud y la vida.
Esta interpretación queda enfatizada porque la mujer viste una indumentaria propia de principios del siglo XV, completamente pasada de moda cuando se hizo la pintura. Además, sostiene un capullo de rosa roja en la mano derecha, que era una de señal que identificaba a las jóvenes en busca pretendientes, lo que, por extensión, hace referencia al pecado de la lujuria; esto último se se complementa por el acusado escote de la mujer retratada. Algunos autores también han planteado la posibilidad de que la obra fuera realizada para ilustrar el Elogio de la locura de Erasmo de Rotterdam, que a la sazón era amigo del propio Quentin Massys.
Pero el cuatro no es una burla despiadada ni un arquetipo de la fealdad. En realidad, representa a un personaje auténtico, que también fue dibujado por Leonardo da Vinci, y que podría ser la Condesa del Tirol, Margarete Maultasch, tristemente famosa por su fealdad. Sea quien fuere, esta mujer padecía una terrible patología médica conocida como osteítis deformante o Enfermedad de Paget, según han apuntado Jan Dequeker, reumatólogo de la Universidad de Lovaina y Michael Baum, profesor de cirugía de la Universidad de Londres. Aunque esta enfermedad suele afectar más frecuentemente al fémur y a la pelvis, también está asociada con una malformación craneana, prognatismo, falta de dientes, alopecia, fuertes dolores de cabeza y en este caso, además, un tumor dermatológico en la mejilla. Todo ello aparece representado en el retrato de la duquesa, muy a su pesar. Tanto la mujer como la pintura son feas en extremo pero constituyen una evidencia médica fundamental para conocer este tipo de dolencias en el pasado.
Por consiguiente, el valor testimonial de esta pintura está por encima de cualquier otra consideración sobre el buen gusto y conduce a una profundiza reflexión sobre la verdadera utilidad del arte. Enfrentarse a una obra como esta nos lleva a pensar que el objetivo del arte no es únicamente la representación de la belleza. Más aún, una reflexión crítica sobre los criterios del gusto y los cánones de belleza nos advierte cómo aquellos, al fin y al cabo, cambian constantemente según la época, la sociedad y los valores en que se desarrollan. No existen modelos de belleza universales y muchas obras de arte no representan precisamente motivos hermosos. Desde este punto de vista, el arte es simplemente un medio de comunicación que sirve para expresar ideas, emociones, problemas y otros aspectos de la persona humana y de su visión del mundo. Por ello, La duquesa fea es un testimonio valioso de la vida cotidiana en otros momentos de la historia y es una pieza fundamental de nuestro patrimonio cultural.

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http://xsierrav.blogspot.com/2015/04/la-duquesa-fea.html  

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