martes, 16 de julio de 2019

MAPAS SATÍRICOS DE EUROPA

Más allá de su mayor o menor precisión en la tarea de representar el territorio, la cartografía también ha sido una importante forma de expresión artística a lo largo de la historia. No es extraño que además de topógrafos y geógrafos, numerosos artistas hayan trabajado en la elaboración de mapas. Habitualmente, su intervención se limitaba a la aplicación del coloreado y el sombreado necesario para dar cierto realismo a la plasmación del relieve. Pero en ocasiones fue más allá y permitió la introducción de elementos fantásticos, alegorías y recreaciones de lugares que no eran conocidas (o lo eran solo a través de la imaginación). 
El arte también supo plasmar los condicionantes políticos o culturales que influían en la percepción internacional de cada país, según las épocas. Con frecuencia la cartografía asumió los objetivos de la propaganda política y representó de manera alegórica la hegemonía de un determinado imperio. A este respecto, es interesante comprobar cómo los mapas suelen tener, todavía hoy, una dimensión marcadamente etnocéntrica que se nota en la posición central que ocupa siempre la nación donde se han elaborado. En otras ocasiones, la cartografía ha ironizado sobre la situación particular de cada Estado o sobre ciertos estereotipos culturales con la intención de hacer mofa de los vecinos, lo que ha dado lugar a la producción de mapas satíricos o grotescos muy curiosos.


Aquí reproducimos dos ejemplos de este tipo de mapas grotescos, diseñados a modo de caricaturas geográficas. El primero de ellos se titula Mapa de los Estados Desunidos de Europa, y fue litografiado por A. Faust en la ciudad belga de Lieja en 1864. Aunque se ajusta a una escala aproximada de 1:7.600.000 la cartografía de Europa está conveniente adaptada a la finalidad del mensaje. Así, los diversos territorios se representan acompañados de atributos y alegorías, y algunos países adoptan la apariencia de sus animales emblemáticos. Por ejemplo, Gran Bretaña es la matrona Britania con un león a los pies y Francia es un abatido soldado con sable y corneta, sobre cuyos hombros se yergue un gallo, su animal característico. Hay más personificaciones: Irlanda es un viejo borracho fumando en pipa, la isla de Córcega se asimila a la figura de Napoleón por haber sido la cuna del gran general, y en Turquía se distingue la cabeza de un sultán tocado por un turbante donde se lee «estupidez».
Pero lo más interesante son sin duda las alegorías animales: la parte occidental de Turquía es un pavo, Italia es un perro con las patas atadas, Austria es un burro de dos cabezas que hace alusión al Imperio Austro-Húngaro, Prusia es un pulpo que extiende sus tentáculos por toda Centroeuropa y Bélgica es un tablero de ajedrez donde habrán de librarse importantes batallas, por su delicada situación estratégica. Además, Rusia es un gran oso blanco con una corona adornada por calaveras y varios letreros sobre su cuerpo que identifican la tiranía y la brutalidad del zarismo; por si fuera poco, el oso está encadenado al Polo Norte y a Finlandia, y proyecta una sombra hacia Siberia con la inscripción «tinieblas de la barbarie». Como curiosidad, Polonia es una tumba y España es identificada con términos como «anarquía, intolerancia, ignorancia», mientras que su litoral mediterráneo está ocupado por una serie interminable de ranas.
Todo ello está relacionado con la difícil coyuntura política de la época. En la fecha de realización de este mapa, la Guerra de Crimea, que enfrentó a Rusia y a las potencias occidentales, había finalizado solo unos años antes. Además, Polonia era objeto de reparto entre otras potencias, Italia estaba culminando su unificación territorial y Prusia extendía su esfera de influencia por el resto de los Estados alemanes, lo que le llevaría a la guerra contra Austria y a la creación de un gran imperio gracias a su victoria en la Guerra Franco-Prusiana de 1870. Los movimientos nacionalistas y las revoluciones también eran habituales, como los sucedidos en Grecia, los que amenazaban cortar las patas de Austria y los que asolaban España. Solo los sistemas bismarckianos lograron detener la sangría y mantener un complejo equilibrio de fuerzas, que evitó la guerra por medio de sucesivas alianzas y tratados secretos durante el último tercio del siglo XIX.


El segundo mapa se titula Hark, hark, los perros ladran y fue diseñado por Johnson, Riddle and Co., que lo publicaron en Londres en 1914. Es una acertada representación de las consecuencias de la situación política anterior, que condujo inexorablemente al estallido de la Primera Guerra Mundial. A la izquierda aparece John Bull, que es una personificación de Gran Bretaña, dirigiendo sus buques de guerra hacia las costas occidentales de Europa. A la derecha, el zar Nicolás II de Rusia conduce una apisonadora hacia los Imperios Centrales de Alemania y Austria, caracterizados como dos perros con cascos militares, que se ven sujetos por la misma correa en referencia a su alianza durante la contienda. Por cierto que el perro austriaco se queja ostentosamente al sentir la cola apisonada por la máquina del zar. Otros dos perros, vestidos con las banderas de Gran Bretaña y Francia, les desafían en la frontera mientras protegen a otro can de pequeño tamaño, identificado con la bandera de Bélgica. En el extremo oriental, un turco juega a bloquear los estrechos que dan acceso al estratégico Mar Negro con un perrito atado a una cadena. En el resto de los países de Europa aparecen representados otros personajes y animales; en España, por ejemplo, se tira de estereotipos y se dibuja un matador de toros, ¿cómo no? En suma, la cartografía fue utilizada para caricaturizar los hechos históricos sintetizando de forma visual todos los factores que intervinieron en la Gran Guerra de 1914.

MÁS INFORMACIÓN:

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Este blog pretende ser un recurso didáctico para estudiantes universitarios, pero también un punto de encuentro para todas aquellas personas interesadas por la Historia del Arte. El arte es un testimonio excepcional del proceso de la civilización humana, y puede apreciarse no sólo por sus cualidades estéticas sino por su función como documento histórico. Aquí se analiza una cuidada selección de obras de pintura, escultura y otras formas de expresión artística, siguiendo en ciertos aspectos el método iconográfico, que describe los elementos formales, identifica los temas que representan e interpreta su significado en relación a su contexto histórico y sociocultural.